Mientras los delitos violentos muestran una baja sostenida en la Argentina, un fenómeno avanza en sentido contrario y empieza a redefinir el mapa de la inseguridad: las estafas virtuales se convirtieron en el delito que más creció en los últimos años y ya representan la principal preocupación de las autoridades. El dato surge del balance oficial de seguridad difundido por el Gobierno nacional, que advierte sobre una transformación profunda en las modalidades delictivas.
De acuerdo con el informe del Ministerio de Seguridad, durante 2025 los homicidios descendieron de manera significativa y los robos tradicionales registraron una caída generalizada en todo el país. Sin embargo, ese retroceso no implicó una reducción global del delito, sino un desplazamiento hacia formas menos visibles y más difíciles de rastrear, como los fraudes digitales, las estafas bancarias, los engaños a través de redes sociales y las maniobras con billeteras virtuales.
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La ministra Alejandra Monteoliva definió este proceso como una “mutación del delito” y explicó que el crecimiento de las estafas virtuales ayuda a entender por qué bajaron los robos en la vía pública. Aunque el Gobierno no difundió cifras detalladas, fuentes oficiales reconocen que los fraudes online vienen aumentando de manera sostenida y que el impacto económico y social ya supera al de muchos delitos tradicionales.
MILEI Y LAS ESTAFAS VIRTUALES
Este auge de las estafas virtuales se da en un contexto político particular: ocurre durante la gestión de Javier Milei, un presidente que fue acusado públicamente por distintos sectores de haber participado en esquemas financieros engañosos en el pasado y también durante su gestión tal como sucedió con el caso LIBRA hace casi un año.
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En contraste con ese avance, los datos oficiales muestran una baja marcada en los crímenes violentos. En 2025 se registraron 1.705 homicidios en todo el país, con una tasa de 3,7 cada 100 mil habitantes, lo que representa una reducción del 17% respecto de 2023. Según el Ministerio, la tendencia descendente se mantiene desde hace una década y se consolidó en distritos clave como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Tucumán.
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También los delitos contra la propiedad mostraron un retroceso. La tasa de robos simples y agravados cayó un 20,8% interanual y alcanzó niveles similares a los de los años de pandemia. No obstante, para las autoridades, esa mejora estadística convive con un problema creciente: el delito dejó de ocurrir mayormente en la calle y se trasladó a las pantallas.
Hoy, las estafas virtuales operan a través de llamados falsos, perfiles apócrifos, supuestos beneficios estatales, inversiones milagrosas y mensajes que simulan provenir de bancos u organismos oficiales. Se trata de un delito silencioso, masivo y de difícil investigación, que muchas veces no se denuncia y que afecta tanto a sectores vulnerables como a usuarios con mayor nivel de bancarización.

