Un rostro pensativo de Alejandro Sabella ilustra un tuit. Acompaña una frase. “Soy dueño de mi silencio y esclavo de mis palabras”. Reflexión lanzada no por azar sino por dolor.
El affaire entre Santiago Ascacibar y Boca, termine como termine, acabará dejando herida a la figura de un capitán que cayó en la tentación en la que tantísimos otros futbolistas: la de prometer aquello que sólo el tiempo sabe si puede cumplirse.
Incontinencia verbal o condescendencia (o ambas) que arremete contra el Ruso, testigo de aquella frase vintage que toma mayor fuerza en tiempos de redes sociales: nadie resiste a su propio archivo.

El mismo Ascacibar que aseguró que no jugaría en otro club del país que no fuera Estudiantes, ejemplificando su caso con otra institución que ahora precisamente parece cerca de ficharlo (Boca) atado al interés de su hermano por verlo allí, en las últimas horas le volvió como búmeran a un jugador que ha ganado muchísimo, que se ajustó merecidamente la cinta de capitán a su brazo izquierdo, que fue ungido por históricos del club precisamente por su “proyección” e identificación. Nadie le quitará méritos al volante central. Pero aquellas palabras lanzadas al corazón del hincha, que se ufanó por la pertenencia de su vikingo, ahora hieren.
La prudencia se adquiere con el tiempo. Cualesquiera sea el resultado de la operación que se está avanzando con Boca, el Ruso pagará el precio que otros tantos también han debitado de sus propias cuentas de afecto popular.
Marcos Rojo, por estas horas nuevamente vinculado a Estudiantes por un retorno que presiona para que se dé, supo decir que “en Argentina solo juego en Estudiantes”. Pero en 2021 firmó con Boca y -de nuevo- la banda elástica le dio en la frente. Tanto es así que no pareció improvisado que Eduardo Domínguez lo avalara resaltando el deseo del central de cerrar su carrera en el club que lo vio nacer: su infructuosa vuelta post Mundial de Clubes se frustró en pleno descontento popular.

Por caso, si el ciclo de Ascacibar en efecto concluye contrarreloj del cierre del mercado de pases, su salida ameritará una despedida sanadora. Que permita empezar a cicatrizar esas heridas que ya están en la epidermis Pincha. Que dolerán más o menos. Que se taparán con el tiempo dejando visibles las fotos del éxito reciente o perdurarán visibles para quienes no son tan plásticos para el perdón, de quienes sienten que ir a Boca -a este Boca– no es dar un salto (mucho menos si Estudiantes participa de los mismos torneos y aspira a los mismos objetivos).
No obstante, nada de lo que el Ruso pueda expresar será tan elocuente como la enseñanza que se resumió tan bien en ese tuit. En esa frase de un Sabella que sigue siendo Profesor.

