Cerca de las 4:30 de la madrugada de hoy, Daniel Barrientos, colectivero de la línea 620, se encontraba realizando su labor, cuando fue asesinado de un disparo en el pecho por al menos dos delincuentes que se tirotearon con un efectivo de la Policía de la Ciudad que iba a bordo, en la localidad de Virrey del Pino, partido de La Matanza.
No es la primera vez, y lamentablemente tampoco será la última. En diálogo con la prensa, colectiveros movilizados hicieron referencia a dos muertes que precedieron la de Barrientos y que siguen frescas en su memorias, pero que no cambiaron la situación de inseguridad que viven los choferes día a día, a pesar de los constantes reclamos: los asesinatos de Leandro Alcaraz(en 2018) y Pablo Flores (en 2020).
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Choferes, víctimas de inseguridad
El caso de Alcaraz es similar al de Barrientos. También en Virrey del Pino, y a bordo de la línea 620, el conductor, de 26 años, recibió dos balazos por parte de dos delincuentes con los que discutió a causa de que no llevaban la tarjeta SUBE.
El hecho sucedió hace casi 5 años, el 15 de abril de 2018, por la tarde. Las crónicas del hecho señalan que el chofer había optado por trabajar ese día, que era su franco, para estar presente el lunes, al día siguiente, en el cumpleaños de su hija de cuatro años.
Según lo que informó el periodista Gustavo Carabajal en LN+, el crimen de Alcaraz se produjo a unas 15 o 20 cuadras del lugar donde en la madrugada de este lunes asesinaron a Daniel Barrientos.
Cristhian López Brizuela fue condenado en 2021 a prisión perpetua por el crimen de Leandro Alcaraz.
Para la Justicia, participó del ataque junto a un adolescente, que fue el autor material de los disparos, y cumple una condena de 14 años de prisión desde septiembre del 2020. Cabe aclarar que la pena está morigerada porque era menor de edad en el momento del hecho.
Un llamado de atención que no sirvió de mucho
Si vamos un poco más atrás en el tiempo, encontramos un nuevo antecedente. La noche del 1° de octubre de 2020, nuevamente en Virrey del Pino, Pablo Flores fue asesinado de cuatro balazos, cuando los atacantes se acercaron a la ventanilla del micro que conducía y le dispararon varias veces.
“Pablo trabajaba en la Línea 218 de la empresa Almafuerte y manejaba el interno 1, que en ese momento estaba en el taller. Se había confundido de horario y ese día llegó tarde, por lo que le asignaron un nuevo interno (75) y le cambiaron el recorrido”, explicó Lorena Cáceres, viuda de Flores, en diálogo con TN.
Como los atacantes actuaron bajo la forma de una emboscada premeditada y huyeron sin robar nada, rápidamente ganó terreno la hipótesis de un ajuste de cuentas destinado al chofer al que Flores estaba reemplazando aquella noche.
La resolución del caso no podría ser más indignante. El 12 de septiembre del año pasado, el TOC 5 de La Matanza retiró los cargos contra Oscar Ezequiel Vega, Néstor Fabián Marone y su hijo Adrián Alberto Marone, quienes habían llegado a juicio oral detenidos e imputados por el delito de “homicidio calificado por el uso de arma de fuego, por ser cometido con el concurso premeditado de más de dos personas y con alevosía”.
Como los asesinos llevaban puesto barbijos y capuchas (el ataque se produjo en plena cuarentena durante la primera ola de la pandemia), nadie pudo reconocerlos en el momento del hecho y el tribunal los dejó en libertad por falta de pruebas.
La crónica del hecho siempre es igual. Matan a un chofer. Las líneas hacen paro. Funcionarios prometen soluciones y más seguridad, incluso bajo gobiernos distintos. El final, el mismo: una familia que llora y antecedentes que se acumulan, donde las respuestas no aparecen.
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