“Inseguridad es el tema que se impuso en la conversación pública”, con ese diagnóstico empieza a abordar el tema de la seguridad (¿o inseguridad?) Ángela Oyhandy, Doctora en Ciencias Políticas y Sociales y Directora del Observatorio de Políticas de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.
Entrevistada en el stream político Parecemos Buenos Amigos, de INFOCIELO Play, aclaró que ese protagonismo no abarcaba a todos los delitos sino a “ciertos delitos y ciertos temores vinculados a delitos violentos, no de todos los delitos”. Según la socióloga, el fenómeno ya llevaba décadas: “Es uno de los principales problemas públicos de los y las argentinas desde hace al menos tres décadas”.
La investigadora ubicó un momento clave para entender esa consolidación: “Hay un año, 1997, que lo señala Federico Loren Valcarce, que encuentra que en la campaña para gobernador de la provincia de Buenos Aires de ese año es el primer año en que la seguridad es uno de los ejes de la campaña”. Tras corregir un detalle electoral, la escena quedó mejor ubicada: “En el medio está el caso Cabezas, la instalación de la denominación maldita policía para hablar de la policía bonaerense, una serie de crímenes con fuerte protagonismo policial y la primera reforma de la policía de la provincia de Buenos Aires”.
Para Oyhandy, aquel proceso marcó el ingreso definitivo del tema al centro de la política: “Es un hito donde el tema entra de lleno en la conversación política”.
Lo que la sociedad vio y lo que eligió no ver
La socióloga planteó una tensión que suele quedar por fuera del debate público: “La posición mía y de muchos otros colegas es que no todos los problemas reales que existen en una sociedad se convierten en un problema importante”. Y ejemplificó: “Las muertes vinculadas a hechos de tránsito son mucha más cantidad que los homicidios provocados en el marco de robos. Por lejos”.
La misma lógica se daba en la salud mental: “Los suicidios, que hoy por hoy son la principal causa de muerte violenta en la provincia y en el país, no tienen la jerarquía del debate”. No era una discusión técnica: “No tienen el protagonismo en términos de conversación, de problema, de recursos”. Mientras tanto, recordó, “seguridad es su ministerio” y “salud mental está dentro de salud”.
Más cárceles, más penas, mismo clima
En la entrevista, Oyhandy también desmontó otra idea extendida en el debate público: “Nunca hubo tanta gente presa”. Y sumó: “Nunca hubo tantas condenas tan largas para ciertos delitos y, incesantemente, hay reformas que van endureciendo más distintos tipos de delitos”. Aun así, evaluó que nada de eso modificó la percepción social: “Eso no calma la expectativa, eso no genera seguridad. Desde mi punto de vista, no, y tampoco nunca lo va a poder hacer”.
La explicación, sostuvo, estaba en cómo las personas vivían su vínculo con la ley: “Ponernos de acuerdo en cumplir la ley en términos sociales es una consecuencia de la experiencia colectiva”. Y si “la mitad de tu población pone su vida material al margen de la ley”, plantear una tolerancia cero “indefectiblemente te lleva a una mano dura que va a seguir llenando las cárceles”.
La socióloga remarcó, además, que el Estado ya había expandido al máximo su capacidad punitiva: “El aparato estatal dedicado a la punición —policía, servicio penitenciario— ha crecido como nunca en estos últimos 25 años”.

