El cambio de la rutina diaria, la cantidad de horas que dormimos y lo que comemos son algunos de los factores que, en la cuarentena, afectan al aspecto de la piel. Pese a que no estamos expuestos a los rayos UV solares o al uso del maquillaje diario, el aislamiento y la falta de ventilación también tienen sus efectos en la piel volviéndola más sensible e irritable.
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