Este Tiny Desk de Fito Páez es una de las mejores formas de acercarse hoy a su obra: logra conjugar lo íntimo y lo representativo, lo clásico y lo actual, compartiendo fuerza emocional sin depender de producción ostentosa. Para un artista de tanto recorrido, su reto no es reinventarse radicalmente cada vez, sino mostrar que todavía tiene cosas que decir, que su voz, su mirada, en su interpretación.
La banda suena increíble, a la voz y los teclados de Fito lo acompañaron Juani Agüero y Vandera (guitarra y coros), Diego Olivero (en bajo y coros), Juan Absatz (teclado y coros), Emme (coros), Gastón Baremberg (batería), Alejo von der Pahlen (trompeta), Ervin Stutz (saxo tenor) y Santiago Benítez (trombón). No es un show minimalista de piano y voz: hay metales, guitarra, bajo, batería, coros… todo en un formato compacto, que llena sin saturar. Le da color, dinamismo y evita que el set se sienta plano.
CRÍTICA TEMA POR TEMA
“A rodar mi vida”
Arrancar con este clásico es un golpe certero. El piano de Fito marca el pulso con energía contenida, casi como si lo estuviera “redescubriendo” en clave íntima. La banda entra suave, con batería seca y vientos que aparecen para subrayar, no para dominar. Lo interesante es que en lugar de la explosión rockera de los 90, aquí la canción se siente como una confesión: menos himno, más reflexión. El público que ya se ha acostumbrado a corear la canción, ahora se encuentra con una versión para escuchar de cerca, susurrar y no para gritar.
“Sale el Sol”
Una apuesta por lo nuevo en medio de tanto clásico. Es una canción luminosa y de esperanza, de su disco Novela. Un groove que balancea el piano de Fito y una guitarra limpia que le da brillo. La trompeta juega un rol central, casi como voz paralela. La banda logra un aire fresco, que rompe un poco con la densidad emocional del arranque. Aquí Páez se muestra cómodo, menos nostálgico y más vital. Es un momento bisagra en el set: pone en presente a un músico con cuatro décadas de carrera.
“Brillante sobre el mic”
El momento “piel de gallina” (uno de mis temas preferidos del rosarino), el piano manda, la voz de Fito está gastada pero llena de verdad. Suena frágil, pero en el buen sentido: como si la canción se sostuviera de un hilo. Los coros acompañan suave y el final queda flotando. Silencio respetuoso, como si nadie se animara a respirar, como si nadie quisiera interrumpir esa atmósfera. Es probablemente el momento más íntimo del concierto.
“Mariposa Tecknicolor”
El clásico inevitable. En versión Tiny Desk, pierde la euforia festivalera, pero gana un costado juguetón: los vientos le ponen color y alegría sin llegar a la estridencia. Fito juega con la voz, sonríe, improvisa pequeñas inflexiones. Es el instante más cercano al “Fito popstar”: contagia, levanta el clima y recuerda que, además de poeta de la melancolía, es un arquitecto de hits que todavía hacen bailar.
“Circo Beat / Tercer Mundo”
El cierre es doble y arriesgado. Arranca con “Circo Beat”, donde la ironía política de los 90 se filtra en un groove contenido. La banda suena ajustada, con el saxo y el trombón jugando a darle un aire carnavalesco.
La sorpresa es el pasaje hacia “Tercer Mundo”: ahí, Fito actualiza la letra, la carga de un filo político y social, líneas adaptadas a los tiempos de hoy, con personajes bien “argentos” como La Mona Jiménez, la Coca Sarli, Beatriz Salomón, los Pimpinela, el Gordo Porcel, Billy Bond, Tita Merello, Batato Barea y Paco Amoroso y Ca7riel.Su voz, con esa mezcla de urgencia y cansancio, transmite que no canta un recuerdo: denuncia lo que sigue pasando. El final deja una sensación amarga pero poderosa. No es un cierre complaciente: es un recordatorio de que el rock también es comentario social.
Me hubiese gustado un poco mas de juego con los arreglos, sorprender con versiones distintas de los clásicos, o incorporar un tema nuevo que aún no haya sido escuchado, para equilibrar más lo que ya sabemos con lo que podemos descubrir. Pero yo no soy Páez y Paéz puede hacer lo que quiera.
Los Tiny Desk duran poco, y eso lo sabemos, menos de 20 minutos. Es lo que tiene el Tiny Desk de bueno y de malo, claro, pero con un repertorio tan enorme como el de Fito Paéz uno se queda con ganas de más. Aun así, el show funciona perfecto: cercano, cálido, lleno de emoción. Ver a Fito en este formato global, que ya es un sello de prestigio para la música latina, confirma lo que ya sabemos: su obra está más viva que nunca y sus canciones siguen viajando en el tiempo sin perder fuerza.
El Tiny Desk de Fito Páez funciona como un recorrido en miniatura por sus facetas:
- El creador de himnos (A rodar mi vida, Mariposa).
- El baladista frágil (Brillante sobre el mic).
- El renovado compositor (Sale el Sol).
- El cronista político (Circo Beat / Tercer Mundo).
El Tiny Desk de Fito Páez es un placer. De entrada, el formato íntimo le juega a favor: ahí, cerquita del piano, sin pantallas gigantes ni luces de estadio, Fito puede mostrar lo que mejor hace: cantar, emocionar y contar historias a través de sus canciones.
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