La Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI) volvió a encender las alarmas frente al avance de la “ultra fast fashion” en el país y pidió a los legisladores una normativa que regule la entrada de estas prendas, siguiendo ejemplos internacionales. La preocupación se centra en plataformas como Shein y Temu, cuya expansión global generó impactos ambientales, laborales y comerciales.
La entidad remarcó que la entrada de productos desde estas plataformas constituye competencia desleal, al no afrontar impuestos ni aranceles como la producción nacional. Según la cámara, esta situación implica pérdida de empleo, debilitamiento del entramado productivo y fuga de divisas. A esto se suma que, entre enero y mayo de 2025, los argentinos gastaron más de US$ 1.500 millones en ropa en el exterior, un récord histórico que duplicó el nivel del año anterior.
En el plano regional, cámaras de indumentaria de Argentina, Brasil y México impulsan una estrategia conjunta para sancionar una “ley anti Shein”, replicando la iniciativa ya aprobada en Francia. El objetivo es que las prendas ingresen bajo estrictos controles de calidad y ambientales, además de tributar los mismos impuestos que la industria local. Según ProTejer, el sector viene perdiendo unos 1.500 puestos de trabajo por mes, con una contracción acumulada del 30% en los últimos dos años.
Claudio Drescher, presidente de la CIAI, confirmó que existen contactos con Francia y coordinación con México y Brasil: “Soy optimista porque observo que amplios espacios políticos empiezan a advertir que el Gobierno carece de una política alineada con lo que ocurre en el mundo. Ningún país cede su mercado interno. Pienso que habrá una reacción”, señaló.
Preocupaciones ambientales y laborales
El proyecto argentino toma como base el modelo francés, que impuso impuestos ecológicos progresivos, prohibió la publicidad de moda ultra rápida y sancionó a Shein por prácticas comerciales engañosas.
Los argumentos ambientales son contundentes: el 76% de las prendas comercializadas por Shein y Temu se confecciona con poliéster, derivado del petróleo, y solo un 6% con material reciclado. El uso de químicos en tinturas y acabados explica hasta un 20% de la contaminación industrial del agua, mientras que las emisiones de dióxido de carbono crecieron un 23% en un año, alcanzando niveles equivalentes a cuatro centrales a carbón.
Además, organismos de control en Corea del Sur detectaron ropa infantil de esas plataformas con niveles de cadmio y plomo que superaban en más de 600 veces los límites legales. A esto se suman denuncias sobre las condiciones de trabajo en el “pueblo Shein”, en China, donde fábricas operan con jornadas de hasta 75 horas semanales, un día de descanso al mes y salarios por debajo del umbral de dignidad laboral.
En el Congreso argentino, la iniciativa ya cuenta con respaldos de legisladores como Miguel Ángel Pichetto, Nicolás Massot y Martín Lousteau. “El fenómeno chino es una máquina que destruye todo, hoy se les compra en un sistema parecido al de Mercado Libre, esto es letal para la Argentina”, advirtió Pichetto en declaraciones recientes.