El nuevo informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a encender señales de alerta sobre la marcha de la economía argentina, en un contexto donde el Gobierno busca sostener el relato de una recuperación en curso. A horas del viaje del ministro de Economía, Luis Caputo, a Washington para participar de las Reuniones de Primavera del organismo, el diagnóstico oficial del crédito multilateral mostró un escenario más complejo: menor crecimiento, mayor inflación y tensiones que persisten sobre variables clave.
De acuerdo con el último reporte de Perspectivas Económicas Globales (WEO), el FMI redujo su previsión de crecimiento del PBI para 2026 al 3,5%, medio punto por debajo de la estimación previa.
El ajuste en las proyecciones no es aislado. Se da en un escenario donde la recaudación muestra signos de debilidad, el consumo continúa deprimido y áreas como la industria, la construcción y el comercio, históricamente motores del empleo, atraviesan un momento crítico. En contraste, el crecimiento sigue impulsado principalmente por sectores como el agro y la energía, con menor capacidad de generación de puestos de trabajo.
En ese marco, el propio ministro Caputo reconoció que la inflación de abril se ubicará por encima del 3% mensual, lejos de las expectativas iniciales del oficialismo de converger rápidamente a niveles cercanos a cero. Esta dinámica, sumada al sostenido aumento de tarifas, transporte, alquileres y servicios de salud, configura un escenario donde amplios sectores de la sociedad perciben un deterioro constante de su poder adquisitivo.
El punto más sensible del informe del FMI pasa justamente por la inflación. El organismo prácticamente duplicó su proyección para 2026, llevándola al 30,5% anual frente al 16,5% estimado seis meses atrás. La revisión responde tanto a la inercia inflacionaria como a episodios recientes de volatilidad cambiaria y subas en precios regulados, que impactaron de lleno en el índice general.
Presión externa y señales internas
El deterioro de las perspectivas también se vincula con el desempeño de finales de 2025, un período marcado por turbulencias financieras en medio del proceso electoral. Según explicó el economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, estos factores incidieron en una desaceleración que ahora se traslada a las proyecciones del año siguiente.
A nivel externo, el informe advierte además un empeoramiento en la cuenta corriente, con un déficit estimado del 0,8% del PBI. Este resultado se asocia a la pérdida de competitividad cambiaria y a una mayor apertura de importaciones, que presionan sobre el balance comercial.
En paralelo, el desempleo se ubicaría en torno al 7,2%, con leves variaciones respecto a estimaciones anteriores. Sin embargo, detrás de ese número persisten señales de fragilidad en el mercado laboral, con destrucción de puestos en sectores intensivos en mano de obra y dificultades para la recomposición del empleo formal.
Caputo viaja y busca dólares
En este contexto, Caputo (o el “Messi de las finanzas” según Milei) partió hacia Estados Unidos con un objetivo central: destrabar el desembolso de 1.000 millones de dólares correspondiente a la segunda revisión del acuerdo firmado en 2025 con el FMI. La aprobación de ese tramo se encuentra demorada desde hace semanas, principalmente por incumplimientos en la meta de acumulación de reservas del Banco Central.
El organismo que conduce Kristalina Georgieva ha mostrado respaldo al programa de ajuste implementado por el gobierno de Javier Milei, pero al mismo tiempo mantiene reparos sobre la sostenibilidad del esquema, especialmente en lo referido al frente externo.
Para avanzar, el Ejecutivo necesita el visto bueno técnico y político del Fondo, que podría habilitar el desembolso mediante un “waiver” (una dispensa por incumplimientos), como ya ocurrió en revisiones anteriores.
Entre el optimismo oficial y la percepción social
Mientras el Gobierno insiste en que “los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas”, según palabras del propio Caputo, los indicadores y el humor social parecen ir en otra dirección. La inflación, aunque lejos de los picos previos, continúa en niveles elevados; el consumo minorista no logra recuperarse y los costos fijos de los hogares no dejan de aumentar.
En ese escenario, el informe del FMI funciona como una señal de advertencia adicional. Más allá del respaldo al rumbo general del programa económico, el organismo dejó en claro que la recuperación será más lenta de lo previsto y estará atravesada por tensiones que todavía no encuentran resolución.
Con una economía que no termina de despegar y una sociedad que no percibe mejoras concretas en su vida cotidiana, el desafío del Gobierno no solo pasa por estabilizar las variables macroeconómicas, sino también por reconstruir expectativas en un contexto cada vez más exigente.

