Un nuevo informe elaborado por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) advierte que el fenómeno climático de El Niño ya comenzó a desarrollarse y podría alcanzar una intensidad muy alta durante el próximo verano. Según los modelos internacionales, existe un 63% de probabilidad de que el evento sea muy fuerte entre noviembre y enero, lo que lo ubicaría entre los más intensos registrados en las últimas décadas.
El análisis fue realizado por Caterina Basso, licenciada en Meteorología y Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, a partir de los últimos datos difundidos por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
¿Qué es El Niño?
El Niño forma parte de un fenómeno natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), que se produce por cambios en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial y en la circulación de la atmósfera. Aunque ocurre a miles de kilómetros de Argentina, sus efectos pueden sentirse en gran parte del planeta.
En términos simples, cuando las aguas superficiales del Pacífico se calientan más de lo habitual durante varios meses, la atmósfera cambia su comportamiento y eso modifica los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo.
En Sudamérica, particularmente en el este del continente, este fenómeno suele favorecer un aumento de las precipitaciones y temperaturas por encima de lo normal.
¿Qué puede pasar en Argentina?
Los especialistas explican que, durante un evento de El Niño, el noreste y el este del país suelen registrar lluvias más abundantes que el promedio, lo que en algunos casos puede derivar en inundaciones o eventos de precipitaciones intensas.
Sin embargo, remarcan que no todas las provincias se ven afectadas de la misma manera. Mientras algunas regiones pueden recibir mucha más lluvia de la habitual, otras pueden experimentar pocos cambios.
Además, el impacto del fenómeno no depende únicamente de qué tan fuerte sea El Niño. Existen otros procesos atmosféricos que pueden potenciar o reducir sus efectos.
Desde la UNLP destacan que cada episodio de El Niño tiene características propias, por lo que no es posible anticipar que este año ocurrirá exactamente lo mismo que en eventos anteriores.
Por ejemplo, durante el histórico episodio de 1997/98 las lluvias fueron mucho más intensas debido a la combinación de El Niño con otros fenómenos climáticos. En cambio, en el verano de 2015/16, pese a tratarse también de un evento extremo, enero resultó más seco de lo esperado por la influencia de otras condiciones atmosféricas.
Por ese motivo, los meteorólogos insisten en que no alcanza con seguir únicamente la evolución de El Niño, sino que es necesario analizar cómo interactúa con otros factores que también influyen sobre el clima.

¿Qué dice el pronóstico?
De acuerdo con el último informe de la NOAA, las condiciones de El Niño comenzaron a instalarse durante mayo y se espera que continúen fortaleciéndose durante los próximos meses.
Los modelos climáticos indican que el fenómeno alcanzaría su máxima intensidad entre fines de 2026 y comienzos de 2027. Actualmente, los pronósticos muestran una probabilidad del 63% de que el evento sea muy fuerte entre noviembre y enero.
Aunque en muchos medios suele hablarse de un “Súper Niño”, los especialistas aclaran que ese término no se utiliza en meteorología. La denominación correcta es evento extremo, una categoría que solo alcanzaron episodios históricos como los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
Desde la UNLP concluyen que, si bien el escenario merece un seguimiento permanente, todavía es temprano para anticipar con precisión cuáles serán sus consecuencias en cada región del país. Por eso, recomiendan monitorear la evolución del fenómeno durante los próximos meses y considerar, además, la influencia de otros factores climáticos que pueden modificar sus efectos.

