El anuncio de la llegada del “Súper niño”, el fenómeno climático que es una corriente de agua cálida que aparece periódicamente en el Pacífico, alterando el clima global, encendió las alarmas en Argentina. El diagnóstico de los especialistas no admite eufemismos ni margen para la especulación, ya que, se asoma a la posibilidad de enfrentar una de las mayores inundaciones de las últimas décadas.
La advertencia, respaldada por organismos meteorológicos internacionales y registros del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) constituye una proyección estadística y expone la histórica grieta entre la dinámica de la naturaleza y la vulnerabilidad de un territorio atravesado por el déficit de infraestructura. El ingeniero especialista en infraestructura hídrica Claudio Velazco desentraña los números de la crisis que viene, los costos de la inacción y los límites de la respuesta estatal ante la inminencia del agua, en una entrevista exclusiva para INFOCIELO.
¿Qué precipitaciones se pueden esperar en la Argentina?
El ingeniero realizó un informe muy específico sobre las consecuencias previstas para las que considera la región más crítica por el desencadenante de inundaciones, entre las que incluye el Delta bonaerense. Velazco pone énfasis en zonas de Misiones, Formosa, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fé y provincia de Buenos Aires.
Ente esto, explica que desde la perspectiva estrictamente meteorológica, resulta imposible determinar con precisión la intensidad puntual y la duración de las tormentas que azotarán a cada distrito. Sin embargo, las proyecciones climáticas coinciden en un dato alarmante, los acumulados trimestrales de lluvia podrán duplicar los valores estadísticos normales basados en series históricas de tres décadas.
La raíz física de esta anomalía responde a un sobrecalentamiento del océano Pacífico Central, tal como explica el ingeniero Velazco, “el planteo de alerta por el Súper Niño se debe a las anomalías térmicas de más de 2,5 a 3 °C que se están dando en el Pacífico Central”. Al ser consultado sobre los efectos en suelo argentino, explica que los incrementos de temperatura en el agua oceánica “conllevará a un notable incremento de precipitaciones en Argentina, con variaciones en los acumulados trimestrales que podrán llegar a incrementarse entre un 30 por ciento y un 80 por ciento respecto de los valores promedios, dependiendo de las zonas de afectación.”
Dentro del mapa nacional, los modelos sitúan a la Provincia de Buenos Aires, La Pampa y el Litoral como el epicentro del fenómeno, con registros que perforarán los techos históricos durante el trimestre más crítico, previsto entre septiembre y noviembre, con esquirlas que podrían proyectarse hasta los primeros meses de 2027.
El Litoral en la mira: el impacto de las cuencas trasfronterizas
El Litoral no solo se encuentra en la franja de mayor caída de agua, sino que enfrenta una amenaza de doble entrada, a las intensas precipitaciones locales se sumará el colosal escurrimiento que bajará desde el sur de Brasil a través de las cuencas altas de los grandes ríos de la Mesopotamia. Esta masa hídrica en tránsito impactará de forma directa sobre Misiones, Formosa, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y el Delta bonaerense, donde habitan cerca de 5,6 millones de personas. La escala geográfica del aporte trasfronterizo explica la magnitud de las crecidas.
Velazco sostiene que, “el río Uruguay traerá el agua proveniente de una superficie de 155.000 km², equivalente a la mitad de la Provincia de Buenos Aires, del territorio brasileño, y el río Paraná a la altura de la ciudad de Corrientes traerá toda el agua de las cuencas del Paraná y Paraguay, con una superficie que representa unos 1.260.000 km² (una superficie de escurrimientos que equivale a cuatro veces la Provincia de Buenos Aires).”
Al cruzar los registros de las grandes crecidas de 1983, 1992 y 2014, el especialista advierte que el escenario que se aproxima podría superar los picos históricos de 1983. Según el análisis altimétrico del informe, las cotas proyectadas para los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay muestran niveles inéditos, “sector Norte de la Mesopotamia y Alto Uruguay, los picos de crecida se ubicarán entre 80 cm y 120 cm por encima de los máximos registrados en 1983”, explica el especialista. Mientras tanto, en el “tramo medio del Paraná -Santa Lucía a Santa Fe- Se prevén marcas entre 30 cm y 60 cm superiores al registro de 1983”.
En lo que respecta a Rosario y bajo Delta, las alturas del río rondarán entre 20 cm y 40 cm por encima de la catástrofe del 83.
¿Qué obras estructurales requieren las ciudades ribereñas y cuál es la inversión necesaria?
Proteger a una población costera no es una tarea de terraplenes improvisados ni de sacos de arena a última hora. Exige un diseño de ingeniería integral basado en la planialtimetría del terreno para impedir que el río avance sobre la trama urbana. Velazco detalla que la defensa requiere una estrategia de doble contención, un murallón de hormigón armado o un terraplén de tierra con cotas de diseño calculadas bajo el prisma del cambio climático, emparejado con un sistema interno de drenaje.
“Construir estas defensas ante el río debe ir complementado con obras que protejan de las inundaciones por precipitaciones caídas en áreas propias. En estos casos los terraplenes oficiarán de muro, harán el efecto dique” , detalla Velazco.
Además, el ingeniero agrega que deben complementarse con obras de desagües integrales, “conductos, canales que guíen las aguas a los puntos más bajos, y que en ellos se planteen adecuados sistemas de compuertas que vinculen al río, como de estaciones de bombeo para desaguar en caso de que los niveles del río se encuentren por encima de los desagües normales.”
La cuantificación económica de esta infraestructura para el arco del Litoral expone la brecha financiera del Estado. El costo de dotar de seguridad hídrica a las localidades ribereñas requerirá un piso macroeconómico contundente, “el orden de inversión base requerida es de 23.500 millones de dólares. Son cifras grandes, lo sé. Pero desde un punto de vista de análisis macro a nivel País, y ante una realidad que en cada inundación genera pérdidas mayores a las que demandarían grandes inversiones, el balance siempre se va a inclinar en la importancia de construir obras que brinden seguridad y tranquilidad”, explica el especialista
El estado de situación en la Provincia de Buenos Aires
Con 17,6 millones de habitantes —casi el 40 por ciento de la población del país—, la Provincia de Buenos Aires representa el área de mayor vulnerabilidad social y económica frente al “Super Niño”. La infraestructura bonaerense arrastra un déficit acumulado que Velazco estimó en 22.000 millones de dólares.
El riesgo se desagrega en dos geografías bien diferenciadas, por un lado, el sector rural y la Cuenca del Salado que abarca 17 millones de hectáreas (el 55 por ciento del territorio provincial). A pesar de los avances del Plan Maestro, la envergadura de las tormentas previstas sobrepasará las secciones actuales del canal. La inversión pendiente en la cuenca asciende a los 9.650 millones de dólares.
Por otro lado, el sector urbano y el Conurbano bonaerense que concentra a 13 millones de personas bajo un déficit hidráulico crítico en materia de colectores y conductos de hormigón, que exige obras estructurales por 5.900 millones de dólares.
Al sumar la población expuesta en la franja del Litoral con los sectores de riesgo en la provincia de Buenos Aires, el diagnóstico arroja una cifra escalofriante, “más de 23,2 millones de argentinos —el 50 por ciento de la población del país— se encuentran bajo amenaza directa de sufrir el impacto del fenómeno”, sostiene el especialista.
¿Qué medidas inmediatas se deben tomar frente a este evento?
Con un pasivo acumulado a nivel nacional que ronda los 77.000 millones de dólares en infraestructura no ejecutada, resulta imposible construir en tres meses las soluciones de fondo que no se hicieron en tres décadas. Ante la inminencia del trimestre septiembre-noviembre, la respuesta del Estado debe virar de forma urgente hacia la gestión de la emergencia.
En las ciudades ribereñas, los municipios deben cruzar de inmediato las cotas de crecida previstas en los informes técnicos con sus mapas topográficos urbanos, identificando con precisión quirúrgica las manzanas que quedarán bajo el agua para organizar los centros de evacuados.
En cuanto a las ciudades no ribereñas, la prioridad absoluta es el mantenimiento crítico, con una campaña agresiva de limpieza de canales, zanjas, arroyos y sumideros que concluya antes del inicio del trimestre crítico para garantizar la fluidez del drenaje ante precipitaciones extraordinarias.
Sin embargo, para el Ing. Velazco, la herramienta decisiva no pasa por las máquinas limpiadoras, sino por la decisión política de organizar a la sociedad,
“Lo expresado en cuanto a obras de mantenimiento es una parte necesaria, pero tal vez menos importante que plantear un real Plan de Contingencia para cada ciudad. Estos seguro salvarán vidas, y dedicar tiempo a analizarlos no presenta costos para el Estado y sí beneficios para la comunidad. Solo depende de decisiones políticas, de conformar equipos interdisciplinarios de trabajo asociados con los planteles técnicos de cada municipio”.
El “Super Niño” que se aproxima pondrá a prueba la capacidad de amortiguación de los ríos y la resistencia de los conductos urbanos. También, pondrá al desnudo la brecha entre la advertencia técnica de la ciencia y la velocidad de respuesta de las políticas públicas.

