A propósito del reciente Día del Respeto a los Mayores, un nuevo mapa demográfico volvió a poner en evidencia una transformación inevitable, Mar del Plata es hoy el distrito del interior bonaerense que concentra la mayor cantidad de personas centenarias y noventonas.
El 80% son mujeres
La postal de la “ciudad feliz” mutó con los años. La costumbre de elegir la costa para transcurrir los años de retiro, sumada a la búsqueda de una rutina cerca del mar, consolidó en el partido de General Pueyrredón una densidad de adultos mayores que no encuentra paralelo fuera del Gran Buenos Aires.
El fenómeno local se enmarca en una tendencia que atraviesa a toda la provincia de Buenos Aires. En el territorio bonaerense habitan actualmente unos 3.000 centenarios, cifra que representa entre el 35 por ciento y el 40 por ciento de todas las personas de 100 años o más del país. La longevidad, además, tiene una marca inequívoca de género, en la Provincia, casi el 80 por ciento de este grupo son mujeres.
El ranking bonaerense
Las disparidades en la longevidad bonaerense responden a múltiples factores. Mientras que en el territorio provincial la esperanza de vida promedia los 75,4 años para los hombres y los 80,8 para las mujeres, la distribución del envejecimiento muestra dos caras bien marcadas, mientras en el conurbano bonaerense, los municipios como Vicente López y San Isidro encabezan la nómina gracias a la concentración de infraestructura sanitaria, en el interior y la Costa Atlántica, son los distritos como Coronel Pringles, Adolfo Alsina, Gonzales Chaves, San Cayetano, Carlos Tejedor y Mar del Plata incrementan su proporción de adultos mayores por la atracción del entorno y por la migración constante de los jóvenes hacia otros centros urbanos.
Según los últimos registros del Registro Nacional de las Personas (Renaper), en la Argentina viven más de 8.400 personas que han alcanzado el siglo de vida, de las cuales tres cuartas partes son mujeres. Dentro de ese universo resiste un grupo aún más exclusivo, el de los supercentenarios —quienes superan los 110 años—, una nómina selecta que penas reúne a unas pocas decenas de personas en todo el país.
Entre las calles marplatenses, donde el horizonte marítimo marca el ritmo cotidiano, la vejez dejó de ser una excepción para convertirse en el pulso diario de una comunidad que aprende a vivir más tiempo.


