Hay días en los que la tentación de lucirse al aire le juega una mala pasada a los conductores estrella. Eduardo Feinmann, buscando un momento impactante en su programa de Radio Mitre, decidió consultar en vivo a la inteligencia artificial de OpenAI sobre el futuro político argentino.
La idea parecía brillante: pedirle a una de las herramientas estrella del momento, ChatGPT, que anticipara a quién convendría votar para las elecciones presidenciales de 2027. Sin embargo, la cibernética no suele guiarse por los deseos del entrevistador.
Lejos de alinearse con el libreto deseado, la plataforma respondió con frialdad analítica, recordando que aún falta tiempo y que la oferta electoral ni siquiera está definida.
No obstante, ante la insistencia sobre cómo se perfila el panorama actual, la máquina trazó un escenario fuertemente polarizado entre Javier Milei y el peronismo, identificando a Axel Kicillof como la carta más fuerte de la oposición. Hasta allí, las encuestas marcaban un parejo empate técnico. Pero el periodista decidió profundizar el juego y acorraló al sistema preguntándole quién prevalecería en un hipotético balotaje entre ambos.
El oráculo no perdona
Acorralada por el micrófono, la voz sintética se tomó unos segundos para procesar los datos. Luego de evaluar los números, dictaminó que la segunda vuelta estaría totalmente abierta, aunque con una leve ventaja a favor del gobernador bonaerense.
Ante la insistencia por obtener una cifra concreta, el algoritmo inclinó la balanza con un 51% a 49% en favor de Kicillof. Aclaró que si la economía mejora en 2027 Milei podría revertir la tendencia, pero que con el bolsillo golpeado el peronismo tiene chances muy serias de ganar.
Tarjeta roja al algoritmo
Viendo que la jugada se le daba vuelta por completo y que el oráculo le devolvía un escenario indeseado, el conductor apeló al último recurso de la casa: cuestionar la imparcialidad del interlocutor. Entre risas de compromiso, desconfió en voz alta y le repreguntó al bot si no resultaba ser “un poquitito kuka”.
Lejos de amedrentarse, la voz digital retrucó con serenidad robótica: aseguró que no posee ideología, que no vota y que carece por completo de camiseta política, limitándose a procesar fríos datos de la realidad.
Así, en su afán por obtener un titular a pedir de boca, el experimentado periodista terminó protagonizando un desopilante contrapunto contra la fría neutralidad del código informático.


