Las experiencias de los futbolistas argentinos en suelo europeo suelen estar llenas de choques culturales, desafíos con el idioma y anécdotas inolvidables. Esto le sucedió a Adolfo Gaich en su paso por Rusia, superando cualquier expectativa de una jornada donde se fomente la cohesión de un grupo.
Durante una distendida entrevista, el atacante que hoy espera su chance en Estudiantes de La Plata recordó el día donde el cuerpo técnico de uno de los tantos clubes que defendió en territorio ruso sorprendió a todo el plantel con una propuesta bastante particular.
Lo que prometía ser un almuerzo para afianzar las relaciones de los jugadores terminó siendo un entrenamiento con armamento de combate pesado. “Un día llega el entrenador y dice: ‘Mañana almuerzo y actividad de equipo’. Nos suben a un micro, una hora de viaje… al campo, así. Nos bajamos, nos empezaron a dar protectores para los oídos. Era un campo de tiro”, admitió.

La sorpresa fue total del Tanque de Bengolea al bajar del micro y notar la logística montada en un campo. Lejos de una recreación tradicional, la dirigencia y el entrenador prepararon una jornada con armas de fuego. “Francotirador, Glock, AK-47… había un poco de maniquíes, cajas, bien lejos para cuando tirabas con el sniper. Unas balas así… yo me traje una de recuerdo, la que tiré me la traje”, reveló entre risas.
En Todo por la misma, el día dejó postales insólitas y de todo tipo. “Mi compañero más chiquito, un enganche… tiró y lo tumbó el retroceso”, comentó desatando las carcajadas en el estudio. Más allá del disparate del momento, esto refleja lo que puede vivir un jugador en una de las tantas ligas del planeta.

