Durante siglos, yacía oculto bajo un camino rural del paraje La Paloma, a apenas nueve kilómetros de Coronel Pringles, en pleno corazón bonaerense. Pero cinco años después de su descubrimiento casual, ese coloso prehistórico vuelve a ver la luz: se completó la extracción del esqueleto fosilizado de un perezoso gigante que vivió en la región entre 8.000 y 24.000 años atrás. Sí, aunque cueste imaginarlo, Pringles fue alguna vez tierra de megafauna.
El hallazgo ocurrió en febrero de 2020, cuando una cuadrilla realizaba tareas de mantenimiento en un camino rural. Lo que parecía ser una piedra más en el camino resultó ser un fósil de dimensiones inusuales.

La noticia movilizó entonces a equipos científicos, encabezados por el paleontólogo Cristian Oliva, del Observatorio Arqueológico y Paleontológico Litoral Sur, dependiente del Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de la Provincia de Buenos Aires. Desde entonces, el proyecto no paró de sortear obstáculos.
UNA TAREA COLOSAL PARA EXTRAER EL FÓSIL
“Primero sacamos las extremidades y el cráneo, que fue lo más fácil, y ahora terminamos de extraer lo que sería la parte central del esqueleto: la caja torácica y las vértebras”, explicó Oliva.
El trabajo fue tan meticuloso como exigente: “La idea inicial que tuvimos era extraer el bloque completo de suelo con el esqueleto. Desgraciadamente, a medida que fuimos desenterrando vimos que había varias fracturas grandes que partían el esqueleto en varios bloques. Entonces, nos decidimos por hacer una extracción pieza por pieza”.
Y aunque todo estaba planeado para resolverse en apenas una semana, la pandemia de Covid-19 irrumpió en escena y congeló los avances casi dos años.
No fue hasta noviembre de 2021 que se retomaron las tareas con relevamientos, maquinaria especializada y hasta estructuras metálicas diseñadas a medida. “Todo se diseñó a medida, incluso se construyó una estructura especial con la colaboración de un herrero local para proteger y trasladar las piezas fósiles”, destacó Lucas Tobio, coordinador de Museos de Pringles.
“La idea es exhibir lo que esté en condiciones en el museo”, anticipó Oliva. El esqueleto está prácticamente completo –“con más del 90 % de sus piezas”–, lo que constituye una verdadera joya científica.
No solo se trata de un ejemplar adulto de gran porte, sino que su estado de conservación es excepcional. Además, se hallaron restos de fauna asociada, especialmente roedores, que permitirán reconstruir con mayor precisión el ecosistema del Pleistoceno tardío en esa zona de Buenos Aires.
EL “BICHITO” QUE TOMÓ LA RUTA 3 PARA NO VOLVER
“Ahora vendrá la parte del armado del esqueleto, que es no menos importante”, subrayó Tobio. Para Eugenia Cavallaro, titular del área de Cultura del municipio, “hubiésemos querido hacer un trabajo más rápido, pero el trabajo científico demandó ciertos tiempos”. Lo importante, remarcó, es que “el fósil está extraído en forma completa, se encuentra en el laboratorio del museo de la ciudad y se empezará a trabajar allí en las piezas”.
El sueño final de este proyecto tan monumental como paciente es montar al gigante para su exposición en Coronel Pringles. La idea no es únicamente celebrar el hallazgo notable, también es devolverle a la comunidad un fragmento tangible de su historia natural. Un testimonio fósil de los días en que por la llanura pringlense caminaban animales que hoy parecen surgidos de una película o un cuento fantástico.
De esta manera, la ciencia y la memoria se dan la mano en suelo bonaerense, donde el tiempo parece haberse detenido para guardar, bajo capas de tierra, los secretos de criaturas imponentes. Y hoy, gracias al trabajo conjunto entre especialistas, autoridades locales y la paciencia de toda una comunidad, ese secreto comienza a contarse con huesos y tierra como palabras.

