Pablo Mainer, fundador de la ONG Hablemos de Bullying, analiza el fenómeno del hostigamiento en Argentina. La pérdida de autoridad, el impacto de las pantallas y la necesidad urgente de recuperar la voz de los jóvenes en un sistema educativo desbordado.
La violencia en las escuelas argentinas ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un síntoma sistémico. Para Pablo Mainer, quien fundó su ONG en 2018 tras el suicidio de una joven en Santa Fe , el panorama actual es complejo: Argentina ocupa el puesto 11 a nivel mundial en casos de bullying , un fenómeno que hoy se manifiesta en chicos cada vez más jóvenes.
La escuela como caja de resonancia
Mainer en conversación con Infocielo sostiene que lo que vemos en las aulas no es un problema generado únicamente en la institución, sino el emergente de una crisis mayor. “La escuela está siendo la caja de resonancia de toda una complejidad social”, explica. Según el especialista, existe una “naturalización de la violencia, del insulto y de la resolución de conflictos a través del no diálogo”.
Este escenario se ve agravado por la ruptura de lo que Mainer llama el “engranaje de autoridad”. “La autoridad docente se fue perdiendo. Antes, lo que decía la docente era palabra santa y todo eso se fue rompiendo”, señala. Hoy, nos encontramos con “docentes totalmente carentes de herramientas para abordar la escuela, cargando la mochila de lo que se hace mal en casa o de familias que también están desbordadas”.
Bullying como fenómeno específico
El bullying, definido por Mainer como una violencia intencional, repetitiva y con asimetría de poder, somete a la víctima a un proceso destructivo con importante impacto sobre la salud mental.
Advierte que la exclusión es la etapa más naturalizada, donde “el chico -raro- es marginado y el adulto justifica diciendo que no sabe integrarse”. Otra etapa que señala es la evitación donde el niño comienza a evitar el contacto con sus pares para dejar de sufrir y siente responsabilidad ante la violencia recibida.
En tanto, la fase más crítica para la salud mental es la indefensión aprendida. “Es la sensación de decir ‘no tengo posibilidades ni voy a poder salir nunca de acá’. Entran en una encerrona”, advierte Mainer.
Pantallas y Cyberbullying: Violencia sin horario
Hoy es imposible separar el bullying del ciberbullying; según Mainer, el 86% de los casos virtuales tienen un anclaje en el mundo real. “Los pibes están atravesados por discursos de violencia y contenidos para los que no están preparados. Están siendo educados por fuera de las instituciones”, afirma.
La tecnología eliminó el refugio del hogar. “El chico que sufre hostigamiento no sabe hasta dónde va a llegar, no tiene un tiempo y un espacio“, lo que genera niveles de ansiedad inéditos.
Recuperar la voz de los jóvenes
Uno de los puntos más críticos de la entrevista es la desconexión entre el mundo adulto y las vivencias juveniles. Mainer cuestiona las intervenciones aisladas que bajan desde los ministerios, como las “ruedas de convivencia” esporádicas. “De nada sirve hablar una hora un viernes sobre discriminación si el lunes tenés una clase con un liderazgo autoritario donde no circula la palabra”, sentencia.
Para el especialista, la solución reside en habilitar la escucha real,“los pibes tienen un montón de cosas para contarte, situaciones que los adultos no estamos percibiendo, ciertos códigos”. Además explica sobre la necesidad de superar el choque generacional. Los adultos suelen opinar sobre sexting o redes desde el prejuicio. “El adulto se queda con preguntas cerradas como ‘¿cómo te fue?’, y los pibes te contestan ‘bien’ o ‘mal'”.
Mainer destaca la necesidad de límites con amor y diálogo, evitando tanto el autoritarismo como el “no límite” de la crianza permisiva, que es igual de dañina. “Abordamos la juventud a partir de emergentes graves y miradas punitivistas”, concluye Mainer, “pero no hablamos de los miles de pibes que la están pasando mal, que no van con un arma a la escuela pero canalizan sus emociones a través de autolesiones o problemas de salud mental”. La deuda, parece ser, es dejar de hablar de los jóvenes para empezar a hablar con ellos

