En la vasta ‘geografía cultural’ de Japón, donde el sushi, el animé y la tradición milenaria prevalecen, un joven japonés encontró un amor profundo y único por una cultura que jamás imaginó que lo marcaría tanto: la argentina.
Su nombre es Isamu Kato, un fanático de Boca Juniors, el club que le robó el corazón en el año 2000, cuando apenas tenía 13 años, gracias a un partido que pasaría a la historia: la final de la Copa Intercontinental entre Boca y Real Madrid, jugada en aquel país oriental.
Este encuentro, cargado de adrenalina y pasión, además de dejar una huella en la historia del fútbol, también lo hizo en la vida de Kato, quien entonces era un adolescente nipón sin ningún vínculo directo con Argentina, pero que, a partir de ese momento, comenzó a indagar con fervor en la cultura de este país lejano (para él), con un entusiasmo que lo llevó a crear algo inesperado y singular: un alfajor japonés.
“Yo amo la cultura Argentina”, dice Kato, quien se ha convertido en un verdadero embajador de esta cultura en Japón.
Y es que, a partir de ese histórico partido, Isamu además de “ver la luz” gracias al amor por el fútbol, se sumergió en todos los aspectos de la vida argentina: el mate, las empanadas, el tango, la comida, y claro…los alfajores.
De esa fascinación nació “Isamito”, una golosina japonesa inspirada en el famoso alfajor Jorgito, una de las marcas más emblemáticas de ese producto.
Pero lo más interesante es que “Isamito” no es solo una copia: es una mezcla entre dos culturas, una reinterpretación del sabor argentino con un toque nipón.
La historia de Isamu Kato, el japonés que inventó un alfajor que vende en su país, gracias a enamorarse de la cultura argentina
La historia detrás de “Isamito”
No es una casualidad ni una mera moda pasajera. Kato cuenta que, después de ese primer contacto con la cultura argentina a través de la pasión boquense, conoció a un amigo argentino en Japón, que vendía en eventos típicos choripán y empanadas.
En ese momento, algo en su interior hizo ‘clic’. A los 21 años, Kato decidió dar un paso más y viajar a Argentina. Se quedó en la casa de su amigo y, como si fuese la reversión invertida de la película “Lost in translation” (conocida acá como “Perdidos en Tokio), vivió la experiencia argentina en carne propia, incluyendo, por supuesto, una visita al estadio de Boca Juniors, un hito en su vida que reforzó su amor por nuestro país.
A su regreso a Japón, con el corazón rebosante de emociones argentinas, Kato se asoció con un amigo japonés, productor de un dulce tradicional llamado “dorayaki”, un panqueque relleno de pasta dulce de porotos.
Juntos decidieron sustituir el relleno por dulce de leche. Así nació el “Aljapone”, un dulce que fusiona lo mejor de las dos culturas. Pero Isamu no se conformó con esto, y fue más allá: en honor a la famosa marca “Jorgito”, y con un toque de respeto por los orígenes, creó “Isamito”, un alfajor que refleja esa mezcla única entre ambos mundos.
ES ISAMITO, ¡QUE BUEN ALFAJOR!
Su pasión por el producto y nuestra cultura lo llevó a contactar con los creadores de Jorgito. En octubre de 2022, Kato viajó otra vez a Buenos Aires, y se presentó en las oficinas de la histórica marca, donde fue recibido con entusiasmo por la propuesta y el concepto de su alfajor. “La gente de Jorgito estaba muy contenta con nuestra idea y con nuestro producto”, relató feliz.
Este intercambio cultural no es solo un negocio para Isamu Kato, es una verdadera misión de vida. “Yo amo la cultura Argentina. No puedo vivir sin mate ni sin empanadas”, dice con sinceridad, como si se tratara de un “gaucho” más.
Para él, su misión es simple pero profunda: que los japoneses prueben “Isamito”, el alfajor que rinde homenaje a Argentina, y seguir amando y promoviendo esta cultura que, en su juventud, le tocó el alma.
Hoy en día, el “Isamito” puede encontrarse en las máquinas expendedoras de Kioto, Tokio y otras ciudades japonesas, donde los dulces tradicionales conviven ahora con este inesperado homenaje argentino.
CON UN TOQUE JAPONÉS
Lo curioso es que, a pesar de la influencia de Jorgito, el sabor del alfajor “Isamito” no es igual, pero eso no le importa a Kato. La esencia, la fusión, la mezcla de dos mundos, es lo que lo hace único.
Dos goles de Boca en 2000, convertidos por el platense Martín Palermo, el dulce de leche y un alfajor fueron solo el principio de un puente cultural que sigue creciendo.
A través de Isamito, Japón y Argentina siguen conversando, abrazándose en la distancia y compartiendo un dulce que, aunque nacido en la mente de un joven oriental, refleja el alma de las Pampas.
CON INFORMACIÓN DE IP NOTICIAS

