El mercado inmobiliario en Argentina atraviesa una metamorfosis radical tras la derogación de la Ley de Alquileres, y quien fuera uno de sus principales impulsores, Daniel Lipovetzky, no duda en señalar las consecuencias de lo que define como una política de “motosierra”. En una entrevista en INFOPLAY el exlegislador sostiene que el escenario actual ha dejado al eslabón más débil de la cadena en una situación de vulnerabilidad extrema. “Sin lugar a dudas, el inquilino promedio en la Argentina con la ley estaba mejor que ahora”, sentencia de forma tajante.
De la protección al desamparo: los números del bolsillo
La crítica de Lipovetzky se centra en el encarecimiento inmediato de las condiciones de entrada y la pérdida de estabilidad habitacional. Según explica, la diferencia entre el marco regulatorio anterior y la desregulación actual se traduce en pesos constantes que las familias ya no tienen. “Si le preguntás a alguien que nos está escuchando, ¿cuántos meses de depósito pagás hoy? Te van a decir seguramente dos mínimo. Bueno, en eso con la ley pagabas uno”, ejemplifica el dirigente.
La comparación no termina en el depósito. El plazo de los contratos, que antes garantizaba tres años de previsibilidad, hoy ha quedado al arbitrio de la urgencia. “¿Cuánto es el plazo del contrato? Bueno, 3 años. Hoy no tiene plazo, te pueden alquilar por un año si quieren”, advierte Lipovetzky, agregando que hoy el locador puede desalojar o interrumpir el vínculo en cualquier momento: “Te puede echar de la vivienda sin ningún tipo de problema. Con la ley estaba más protegido”.
La trampa de la “desregulación”
Uno de los puntos más polémicos de su análisis es la denuncia de una falsa libertad de mercado en el DNU 70. Para Lipovetzky, el Gobierno no desreguló, sino que legisló a favor de una de las partes. “Él deroga la ley de alquileres pero incluye unos artículos que regulan el tema todos a favor del propietario. Regula a favor del locador”, denuncia.
Como prueba de esta asimetría, cita las penalidades por rescisión anticipada: “Si el inquilino decide que se tiene que ir antes porque no puede pagar más, tiene que pagarle al locador una compensación que es el 10% de todos los meses de contrato que le quedan. En cambio, si al inquilino lo echan, no le pagan nada y lo dejan en la calle”. Bajo su óptica, esta lógica responde a una filosofía clara: “Es un gobierno que viene a proteger a los poderosos. Regula para los sectores más fuertes de la sociedad, en este caso los locadores”.
El alquiler como devorador de ingresos
Más allá de las cláusulas contractuales, la realidad económica ha convertido al techo en un bien de lujo para el trabajador promedio. El costo de vida, sumado a los aumentos en los servicios, ha reducido el margen de supervivencia al mínimo. “Hoy mucha gente destina a su alquiler más de la mitad de lo que gana, supera el 50% o 60%”, señala Lipovetzky, explicando por qué las familias han dejado de llegar a fin de mes.
Finalmente, aunque admite que su ley era mejorable y que faltaron consensos para estimular la oferta —como sus propuestas de “estímulos impositivos” que no fueron aprobadas—, insiste en que eliminar la norma no fue el camino correcto. “La solución no es la motosierra. La solución era pensar qué cosas estaban bien de la ley y qué cosas no estaban bien, y dejar las que estaban bien”, concluye, marcando una distancia crítica con la gestión actual.

