Luján es, sin dudas, el epicentro de la fe para los bonaerenses que todos los años llegan a la ciudad a pie, bicicleta o a caballo para cumplir una promesa o simplemente agradecer. Caminar por la plaza Belgrano —la antigua Plaza Real— es pisar el “Kilómetro 0 de la argentinidad”, el sitio exacto donde los Húsares de Pueyrredón se reunieron para la Reconquista durante las Invasiones Inglesas. Pero hoy, nuestra memoria se detiene en un hito más reciente y profundamente emotivo.
Hace exactamente 44 años, en el mes de julio, la provincia recibía la visita del papa Juan Pablo II. Eran días oscuros para la nación, desde hacía seis años el país era gobernado por la dictadura militar que aplicó el terrorismo de estado y llevó adelante una de las represiones más sangrientas de nuestra historia y con el dolor de la Guerra de Malvinas aún a flor de piel, y el arribo del “Papa de la Familia” trajo un bálsamo de consuelo a los miles de fieles que colmaron la plaza frente a la Basílica.

El colectivo de línea
Como bien rescatamos en el programa “Bonaherencia” de INFOCIELO , la historia oficial suele ocuparse de los grandes discursos, pero las curiosidades que humanizan a los próceres despiertan el interés de los bonaerenses. La visita del Papa Juan Pablo II dejó huellas en la memoria colectiva de los más de 200.000 fieles que se acercaron -según las aproximaciones que se hacen respecto al número de personas que se acercó a la plaza frente a la basilica- pero también de una ciudad que conserva cada detalle de aquella visita.
El Museo de Transportes, que forma parte del imponente Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, es un pedacito de historia viva de uno de los lugares más emblemáticos para la historia Argentina. Allí descansa una pieza que despierta sonrisas y asombro por igual, un colectivo de línea.
¿Qué hace un transporte público en un museo de tal envergadura?, la respuesta es tan argenta como humano el liderazgo de Juan Pablo II. Ante la marea humana que desbordaba Luján aquel 12 de junio de 1982, el protocolo se vio superado. Para que el Papa pudiera salir de la Basílica y atravesar la multitud de manera segura, le ofrecieron un auto blindado que evitaba la cercanía con el pueblo que fue a verlo. Ante el rechazo, se recurrió a este vehículo de transporte urbano, convirtiéndolo en un “papamóvil” improvisado y profundamente cercano a la realidad del pueblo trabajador.
Tesoros bajo la sombra de la Basílica
La visita del Sumo Pontífice es solo una de las capas de este “palimpsesto en la Pampa” que es Luján. Gracias a la labor de pioneros como Enrique Udaondo, el complejo custodia más de 70.000 piezas que narran desde la época colonial hasta la actualidad.
Una de las curiosidades más impactantes que el visitante puede encontrar es la campana de 5.000 kilos fundida en Sevilla. Aunque parezca increíble, esta fue la campana que sonó el 25 de mayo de 1810 para anunciar la Primera Junta de Gobierno. Pertenecía a la Catedral de Buenos Aires, pero tuvo que usarse aquel día porque al Cabildo porteño le faltaba el badajo para llamar al pueblo a la plaza. Hoy, Luján la resguarda como un trofeo de nuestra libertad.
Luján y la conexión con la Misericordia
La huella de Juan Pablo II en suelo bonaerense no termina en Luján. Años después, su legado permitió que otra localidad de nuestra provincia, Magdalena, fuera declarada la primera “Ciudad de la Divina Misericordia” del mundo. Este título fue reconocido oficialmente por Juan Pablo II en 2001, tras las gestiones del párroco Ángel Diamante Dauro, vinculando para siempre la historia de estos dos pagos bonaerenses a través de la figura del Papa polaco.
Recorrer Luján es, en definitiva, redescubrir nuestra propia identidad. Entre locomotoras históricas como “La Porteña”, el Poncho de San Martín y el recuerdo de aquel Papa saludando desde la ventanilla de un colectivo, la provincia de Buenos Aires nos demuestra que la historia no se lee solo en los libros, se camina, se siente y se celebra en cada rincón de nuestro territorio bonaerense que hoy esta a la espera de que un nuevo Papa en su gira latinoamericana vuelva a pisar el epicentro de la fe argentina.

