Ex ferviente defensor de todo lo que significará el ya inexistente espacio Juntos por el Cambio, el famoso humorista y actor Alfredo Casero, ícono de la defensa de Mauricio Macri y su gobierno en cualquier medio al que lo convocaran durante la gestión del ex presidente y también mientras gobernó Alberto Fernández, sorprendió a muchos con un giro en su postura política.
Casero, conocido por su icónica frase “quieren flan”, utilizada para criticar al peronismo y apoyar la administración de Macri, parece haber cambiado ya rotundamente de bando.
A JORGE MACRI LO LLAMA “POROTO”
En los últimos tiempos, Casero expresa su descontento con la manera de gobernar de Jorge Macri, primo del ex presidente, ex intendente bonaerense de Vicente López, y actual jefe de gobierno porteño.
Sus críticas no son para nada sutiles; por el contrario, llaman la atención por ser tan directas y contundentes, aunque siguen en línea con el estilo y el derrotero de Casero en los últimos años.
En una publicación reciente en su cuenta de redes sociales, el creador de “Cha Cha Cha” describió a la Ciudad de Buenos Aires como “sucia” y “con olor a mierda”, cuestionando la presencia de Jorge Macri en la Capital Federal, y exigiendo su renuncia.
Sin decirlo explícitamente, se vislumbra el descontento por tener como Jefe de Gobierno a un bonaerense, y no un porteño de pura cepa.
Este cambio de postura en Alfredo Casero es notable, especialmente considerando el pasado político del comediante. Aquella frase “quieren flan” se convirtió en un símbolo de la resistencia al peronismo y en un llamado a la paciencia con el gobierno de Macri durante tiempos difíciles.
La metáfora sugería que las demandas del pueblo argentino eran inoportunas y poco realistas, dada la situación heredada por el gobierno de Macri.
LA DECEPCIÓN DE ALFREDO CASERO
Sin embargo, ahora el actor parece encontrar más afinidad con el partido libertario. Casero muestra ese apoyo a Javier Milei y critica a cuanto político se cruce del ex Juntos por el Cambio, ya sean radicales o del PRO, por lo que considera traiciones y fallas en representar a sus electores.
Su apoyo a Milei refleja una inclinación hacia ideas más libertarias, o estilos más confrontativos en los que, con los que, puede percibirse, se siente más a gusto y en “su salsa”. Ahora de la acerrima defensa al “republicanismo” que podía representar Elisa Carrió parece haber mutado a la crítica a la política tradicional que antes defendía.
El cambio de Casero plantea preguntas sobre la lealtad política y la consistencia de las figuras públicas en sus posturas ideológicas. ¿Es este cambio un reflejo de una ‘evolución’ en su pensamiento, o es una respuesta a la decepción con la gestión actual de la Ciudad de Buenos Aires? Sea cual sea la razón, está claro que Casero ya no se siente representado por aquellos a quienes una vez apoyó y ahora busca nuevas alternativas que, según él, puedan llevar a la capital argentina y al país en una dirección más prometedora.
También queda claro que mantiene sus formas críticas contundentes y sin subterfugios como hablar del “olor a mierda” de la ciudad de Buenos Aires y apuntarle a quien llamó “Poroto Macri”, pidiéndole su renuncia a 4 meses de asumir.

