En Lincoln, cuando los hornos se encienden y las manos amasan en lo que a simple vista es una fábrica de pre- pizza, detrás de cada producto, una revolución silenciosa que lleva siete años transformando la comunidad. La cooperativa que funciona en el Centro de Integración Comunitaria (CIC) cuenta con 15 personas donde conviven personas con y sin discapacidad bajo un paradigma de inclusión real.
Esta semana la fábrica de prepizzas obtuvo su registro nacional de producto alimenticio que permite certificar la calidad e inocuidad de sus productos, autorizando que sus elaboraciones puedan ser comercializadas en todo el territorio nacional como un producto envasado.
Una estructura horizontal y con voz propia
La organización cuenta con un Consejo de Administración que está compuesto y liderado por las propias personas con discapacidad. Ellos asumen los roles de decisión, acompañados por socios de apoyo que complementan las tareas. El equipo es multidisciplinario, cuentan con contadores, maestras pizeras, encargados de comercialización, control de calidad y una psicóloga social que coordina las dinámicas grupales.
“El proyecto laboral incluye a personas con discapacidad y otras que no tienen discapacidad. Por eso respeta el concepto de inclusión, que es un montón de personas en un mismo espacio realizando distintas actividades sin ser un proyecto compuesto solo por personas con discapacidad”, explica Germán Martinez, licenciado en terapia ocupacional y director general de discapacidad del municipio.
En conjunto con Daniel Ventoso, directora de discapacidad y docente, le dieron forma a este proyecto que se transformó en cooperativa porque considera que es la clave de un modelo que se sostiene en la dignidad. “Abrazamos el cooperativismo por sus valores y principios, que las personas tienen que tener una oportunidad laboral, que tienen que tener la posibilidad de gestionar sus vidas, de decidir sus proyectos laborales, sus proyectos de vida”, enfatiza el funcionario. En sus palabras, el trabajo es el motor fundamental para la autonomía, “para tomar decisiones y para que sean independientes y autónomos tienen que tener un trabajo redituable en la economía”.
Calidad por sobre todas las cosas
Uno de los mayores orgullos de la cooperativa es haber conquistado el mercado local por el valor de su propuesta y no por la “beneficencia”. Sus pre-pizzas se venden en despensas, almacenes, negocios de barrio y en una cadena de supermercados regional de la Cooperativa La Paz. Además, participan activamente en las ferias comunitarias de los sábados y en los encuentros quincenales organizados por el INTA.
“El producto lo bueno que tiene es que se vende y se comercializa”, relata con firmeza Martínez. “No nos compran porque somos personas con discapacidad; nos compran porque el producto es de calidad y tiene un buen precio”.
El crecimiento no se detiene. Recientemente lograron registrar tanto el establecimiento como el producto, lo que les abrió las puertas para comercializar fuera de los límites de Lincoln. El objetivo es claro, “nuestra idea es que cuanto más ventas tengamos, mejoras salariales van a tener los asociados de la cooperativa y, además, más puestos de trabajo vamos a poder ofrecer. O sea que más personas con discapacidad van a poder trabajar”.
Derribar el modelo arcaico
La iniciativa de la cooperativa se enmarca dentro de una política más amplia impulsada desde la Dirección de Discapacidad del Municipio, la cual basa todas sus acciones en dos pilares, la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad y el Modelo Social de la discapacidad.
“El foco de la cuestión está puesto no en la persona y su discapacidad, sino en las oportunidades o barreras que la comunidad pone a esta persona para que se pueda desenvolver dentro de ella”, señalan desde la dirección.
Históricamente, la percepción social confinaba a este colectivo al encierro o a la pasividad institucional. “En Lincoln estaban acostumbrados a ver a las personas con discapacidad adentro de las instituciones, y cuando las veías en comunidad era porque habían ido a visitar a los bomberos, la policía o al intendente. Ahora los ven como trabajadores”, explica el funcionario local.
El proyecto de las pre-pizzas busca precisamente dinamitar esos prejuicios arraigados. Martinez explica que la iniciativa que salió del estado para hacerse cargo de un proyecto de tal magnitud tiene relevancia “para desterrar todos los prejuicios que hay sobre que las personas con discapacidad intelectual, que se creía que no pueden tener un trabajo”.
A través del esfuerzo diario en la cuadra de amasado de lunes a viernes, estos quince trabajadores demuestran que la igualdad no se declama, se ejerce. “Estos programas vienen justamente a mostrar qué tanto en un grupo de personas puede haber personas con y sin discapacidad que comparten un trabajo en igualdad de condiciones y también en igualdad de responsabilidades”, concluyen desde el CIC, con la certeza de que el verdadero cambio social se amasa todos los días.

