La tranquilidad de los barrios de Ringuelet y Tolosa se está viendo fracturada por una ola de delitos que parece no tener fin. En la mañana de este martes, el móvil del programa “Palabras más, palabras menos“ (La Cielo 103.5), recogió el crudo testimonio de quienes habitan una zona que definen, sin eufemismos, como “tierra liberada”.
El detonante de este renovado malestar fue el violento ataque sufrido ayer lunes por el director del colegio La Anunciación, un hecho que dejó al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de la comunidad educativa.
Crónica de un lunes violento
El hecho policial que conmocionó a la zona ocurrió ayer lunes exactamente a las 6:52 de la mañana. Según el registro de las cámaras de seguridad y los testimonios recabados, el docente llegaba a su lugar de trabajo en la Avenida 7 entre 513 y 514 cuando fue interceptado por dos motochorros que subieron con el vehículo a la vereda.
El director intentó escapar corriendo hacia la esquina, pero fue perseguido y atrapado por uno de los delincuentes, quien descendió del rodado para forcejear con él.
En medio de la agresión, el docente resultó herido y los malvivientes lograron sustraerle su mochila, que contenía una computadora, su teléfono celular y documentación propia del establecimiento educativo.
Debido a las lesiones sufridas, la víctima debió tomarse licencia médica. Sin embargo, esta no fue la única vez que en el día lunes se vivieron hechos preocupantes: según denunció José, un vecino de la zona, ese mismo lunes se registraron al menos siete robos entre Ringuelet (4) y Tolosa (3).
La educación bajo asedio
La preocupación principal radica en que el blanco de los ataques se trasladó a los entornos escolares. Analía, madre de una alumna del colegio y vecina del barrio, relató al móvil de la radio que los estudiantes sufren asaltos de manera constante, tanto en el ingreso a las 7 de la mañana como al mediodía o a la salida de clase.
A los chicos les roban las mochilas, las zapatillas y sus celulares mientras caminan hacia la escuela. “Esto no es de ahora, viene hace un tiempo largo”, advirtió la mujer, reflejando el agotamiento de las familias ante una situación que se volvió estructural.
Los vecinos perciben que la capacidad de vigilancia es nula o insuficiente para cubrir la extensión de estos dos barrios, que funcionan prácticamente como una unidad.
Móviles rotos y respuestas tardías
El diagnóstico vecinal sobre las fuerzas de seguridad es lapidario. En el diálogo con La Cielo, dejaron claro la precariedad de los recursos materiales con los que cuentan las comisarías de la zona.
El entrevistado, José, detalló que, entre las dos dependencias policiales de Tolosa, solo hay dos patrulleros operativos. Los otros móviles están fuera de servicio por problemas básicos: “o no tiene una batería o está la goma pinchada”, graficó el vecino.
Esta falta de mantenimiento se traduce en tiempos de respuesta inaceptables. Cuando los vecinos llaman ante una emergencia, la policía suele demorar entre 20 y 30 minutos en arribar al lugar, momento en el cual los delincuentes ya escaparon.
“Es como si no los tuviéramos”, sentenciaron, remarcando que la presencia policial es solo esporádica: cuando ocurre un hecho grave, patrullan durante un mes y luego desaparecen de las calles.
El reclamo a las autoridades
Ante el desamparo estatal, los residentes tuvieron que organizar sus propios sistemas de prevención. La comunicación a través de grupos de WhatsApp y el uso de alarmas vecinales son las únicas herramientas con las que cuentan para alertarse sobre personas merodeando en actitud sospechosa.
A pesar de haber elevado reclamos tanto a nivel municipal como provincial, los vecinos sienten que sus demandas caen en saco roto.
Para ellos, la solución requiere de una decisión política que hoy no perciben. “Siento que están jugando otro partido y los vecinos estamos a la deriva”, lamentó uno de los entrevistados, mientras los delincuentes operan con total impunidad en un sector de la ciudad que exige volver a vivir sin miedo.

