La cancelación fue rápida y ruidosa. Dejó al descubierto una incomodidad que venía creciendo por debajo de la música, las luces y la fama de su protagonista. Fátima Florez finalmente no se presenta en la histórica disco Éxtasis de Mar del Plata, un espacio emblemático de la noche y de la comunidad LGBTIQ+, luego de que su participación anunciada generara un fuerte malestar entre parte del público habitué del lugar.
El dato duro es concreto. El evento estaba confirmado y difundido. La agenda incluía una presentación artística y una coronación simbólica, además de la participación de Marcelo Polino.
Sin embargo, luego de una seguidilla de críticas, mensajes directos y reacciones en redes sociales, el boliche decidió suspenderlo. La decisión fue comunicada oficialmente por el propio local, que habló de “priorizar el cuidado del espacio” , es decir el vínculo con quienes lo sostienen desde hace décadas y también la seguridad y el bienestar de la artista.
El anuncio que encendió la mecha
La polémica nada tiene que ver con en el contenido de su presentación sino en el contexto político que rodea hoy a Fátima Florez.
Su figura, inevitablemente asociada a la escena ligada al gobierno nacional, es cuestionada especialmente luego de la aparición del presidente Javier Milei en uno de sus espectáculos teatrales en Mar del Plata, cuando subió al escenario para cantar y saludar al público. Esa imagen, celebrada por algunos y repudiada por muchos, funcionó como disparador.
Para un sector mayoritario de la comunidad LGBTIQ+, la presencia de Florez en un espacio históricamente ligado a la diversidad y la resistencia simbólica resultaría contradictoria.
En redes sociales comenzaron a circular mensajes que hablaban de límites, de coherencia, de identidad. La invitación, aunque era presentada como “artística”, fue leída desde un plano político y cultural imposible de esquivar.
El comunicado y la decisión
Desde el boliche Éxtasis explicaron que la convocatoria no respondió a ninguna afiliación partidaria y que el criterio fue estrictamente artístico. De todos modos el propio comunicado reconoce que el anuncio “generó malestar en parte de nuestra comunidad”.
La cancelación buscó descomprimir una tensión que amenazaba con romper el vínculo entre el espacio y su público histórico.
Cuando el contexto pesa más que el show
¿Hasta dónde puede separarse el arte del contexto político?… ¿y qué responsabilidad tienen los espacios culturales en las decisiones que toman?.
En este caso, la respuesta fue contundente y preventiva. Para Fátima Florez, la cancelación sumó un nuevo capítulo a un verano marcado por una exposición que excede lo artístico.
Para Éxtasis, fue una forma de “preservar su identidad” y no enemistarse con su propio público fiel. No hay show, no hay “celebración” y tampoco medias tintas. Solo quedó flotando una certeza. En una época de alta sensibilidad social, cada paso debe medirse para no herir susceptibilidades, especialmente si la política (libertaria o no) roza el desprecio de muchos.

