Gimnasia fue efectivo y práctico. Supo aprovechar sus oportunidades, pegó en los momentos claves y se arremangó para defender cuando tuvo que hacerlo. Buen partido del Lobo en Mar del Plata y gran envión anímico del plantel, que consiguió su segundo triunfo consecutivo.
Durante el primer tiempo se repartieron el control. Ninguno terminó por ser un dominador absoluto, motivo por el cual faltaron situaciones claras de gol. El Lobo controló bien y tuvo buenos pasajes de manejo de pelota, pero, como su rival, sin profundidad ni peligro.
Todo indicaba que se irían al descanso igualados, hasta que llegó la jugada que rompió con la monotonía en Mar del Plata. Auzmendi abrió para Silva Torrejón y fue a buscar el centro al área, imponiéndose en soledad y marcando el primero del partido. El equipo de Pereyra se fue al descanso en ventaja y mejor plantado.
Sin embargo, en el complemento, el local lo fue a buscar y por momentos lo acorraló. Si bien no logró desacomodar la defensa tripera, generó situaciones que fueron bien contenidas por Nelson Insfrán. Y en ese tramo, quizás el de más dudas en el Lobo, apareció un gol inesperado pero tranquilizador.

Sin insinuarlo, Gimnasia dejó de frente al arco al debutante Colazo y el delantero no perdonó, amplió la diferencia y parecía encaminar la victoria del Lobo. Un triunfo que finalmente llegó pero no sin antes sufrir. El Tiburón alcanzó el descuento a 12 minutos del final y le puso suspenso al resultado.
El equipo de Pereyra se defendió con todo lo que tenía, incluso con el ingreso del pibe Lucas Lamella y con tres defensores centrales en cancha. Su esfuerzo tuvo premio, ya que finalmente mantuvo el 2-1 en el marcador y consiguió su segundo triunfo consecutivo, el primero como visitante.
Gimnasia fue pura felicidad en La Feliz. Hizo un gran partido, respondió en todas las líneas y fue inteligente para sobrellevar los momentos que se le fueron presentando. Se sumó al pelotón de arriba de la Zona B y festejó con sus hinchas que viajaron a Mar del Plata. En sintonía.


