“Que peligroso. Que triste”, fueron las cuatro palabras que publicó en X (ex Twitter) Lali Espósito cuando el Presidente de la Nación, Javier Milei, ganó las PASO. A partir de ese momento, nació un insólito conflicto entre ambos que revivió esta semana.
En su momento y ante las consultas de los periodistas, el presidente había respondido: “No se quién es. Yo escucho los Rolling Stones”. Ahora Milei fue consultado por unos dichos del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, sobre la falta de tranferencia a su provincia y él respondió: “Si gasta plata contratando a Lali Espósito y después no le paga a los policías no es un problema nuestro”.
Nunca se sabe bien cual puede ser el disparador para que una persona pierda poder y atacar a una artista querida, sin mucho sentido, puede ser una jugada equivocada. Un fanático experimenta niveles de creatividida y sobre todo, es insistente en la defensa de su ídolo, en este caso, ídola. Así que por medio de la edición de video hacen decir a Milei algo extraño.
“Viva Lali Carajo”, termina diciendo el presidente cuando se editan los videos de su famoso eslogan de campaña “Viva la libertad carajo”. Lo cierto es que más allá de los cruces mencionados previamente, la batalla, por el momento, es entre los fánaticos de cada parte. Desde los libertarios acusan a la artista de estar financiada por los gobiernos peronistas a nivel provincial o municipal, ya que ella suele tocar en ciertos festivales públicos.
El gobierno contra el arte
Más allá del caso mencionado, existe cierta rivalidad entre la actual gestión nacional con respecto al mundo del arte. El director de cine Adolfo Aristarián llamó a “ganar la calle hasta que caiga el gobierno”, la reacción de Peteco Carabajal cuando llegó la vicepresidenta Victoria Villarruel al Festival de Jesus María y el comunicado del Instituto Nacional del Teatro (INT) expresando públicamente su firme oposición a la derogación de la Ley 24.800, según lo propone el proyecto de Ley Ómnibus., son algunos ejemplos actuales del conflicto.


