Phil Claudio González, el músico argentino que se volvió viral por su increíble parecido con Roberto Gómez Bolaños, decidió restringir nuevamente los comentarios en sus redes sociales tras semanas de burlas, agresiones y situaciones límite. El fenómeno que lo convirtió en “el Chavo metalero” volvió a mostrar su costado más áspero y terminó empujándolo, otra vez, al silencio digital.
Durante poco más de un mes, González dejó abiertos los comentarios como una prueba. No como provocación ni estrategia de visibilidad, fue un intento por comprobar si algo había cambiado. No cambió. La experiencia concluyó con un extenso posteo en el que explicó los motivos de su decisión y dejó en claro su hartazgo.

En ese mensaje fue directo y sin vueltas. Señaló que la opinión ajena no le afecta, pero que se cansó de leer faltas de respeto, insultos y episodios de “boolin” (lo escribió así para evitar filtros automáticos de redes sociales).
También relató un hecho ocurrido fuera de las redes, durante una fecha musical que produjo en Ituzaingó, donde un cruce con alguien del ambiente terminó en violencia física. “Probé más de un mes y por mucho menos cualquier persona normal hubiera cerrado las redes”, escribió, antes de aclarar que la situación superó todos los límites.
Un parecido imposible de esquivar
Para entender por qué cada intento de exposición pública termina de la misma manera, hay que retroceder a 2020. Una foto suya comenzó a circular en redes y el parecido con Roberto Gómez Bolaños se volvió imposible de ignorar. No parecía una comparación forzada. Tampoco un chiste rebuscado. La verdad es que la semejanza era inmediata y evidente.
Los memes, montajes y comentarios se multiplicaron a gran velocidad. En cuestión de horas el nacido en Morón, Phil Claudio González pasó de ser un músico del under a convertirse en un fenómeno viral. El apodo de “Chavo metalero” se instaló con fuerza y, con él, una exposición que nunca había buscado.
Tres décadas de música que no fueron meme
Más allá de la viralización, la historia de González está atravesada por la música. Lleva más de 30 años tocando, produciendo fechas y sosteniendo proyectos en el circuito independiente.
El músico, oriundo del conurbano, en la provincia de Buenos Aires, construyó su recorrido lejos de la lógica del personaje y del impacto inmediato de las redes.

En un primer momento intentó tomarse la situación con humor. Brindó entrevistas, aceptó la comparación e incluso llegó a caracterizarse como el personaje en algunas ocasiones. Sin embargo, con el correr del tiempo, el chiste comenzó a repetirse hasta volverse agresión.
Cuando el chiste deja de ser gracioso
El último intento de abrir los comentarios fue una apuesta a que el clima fuera distinto. Al principio hubo respeto, pero duró poco. Las burlas y los ataques volvieron a ocupar el centro de la escena y el cansancio se hizo evidente.
El cierre actual de sus redes no responde a una reacción impulsiva. Es una decisión tomada después de comprobar que la exposición sigue teniendo un costo alto. “Es la última publicación libre y sin restringir”, advirtió en su mensaje final.

Detrás del parecido con El Chavo del 8 hay una persona real, con una trayectoria, un trabajo sostenido y límites claros. Y aunque el fenómeno siga generando risas ajenas, no siempre resulta liviano para quien queda, una y otra vez, del mismo lado del chiste. Esta vez fue él quien perdió la paciencia.

