La ola de violencia y amenazas que mantiene en alerta a docentes, alumnos y familias de todo el país por pintadas en los baños, amenazas de tiroteos que se replica en distintas instituciones educativas, está generando fuerte malestar social. Bajo este contexto, el especialista, Pablo Mainer en vivo en “Todo no se puede” por La Cielo FM 103.5 advierte que lo que estamos viendo es un reflejo directo de un entorno hostil: “vemos una sociedad que está más crispada que hay discursos habilitados, un clima social que obviamente potencia y no favorece”.
La situación no es aislada ni exclusiva de una región. Se han reportado casos en Santa Fe, diversas localidades de Argentina e incluso en Chile. Según Mainer, existe una preocupante “mezcla entre un efecto contagio y un reto viral” que ha puesto en jaque la seguridad institucional. Sin embargo, el problema real no parece ser solo la amenaza en sí, sino la incapacidad de las escuelas para reaccionar de manera preventiva. “Las escuelas, por falta de herramientas o acompañamiento, actúan ante el emergente de la emergencia y hay poco plan preventivo”, señala el experto.
Uno de los puntos más críticos es el manejo de la información dentro de los establecimientos. La desesperación de los padres muchas veces nace del ocultamiento oficial. Mainer relata escenas donde “ya estaba la pintada en el baño y los docentes ocultando la situación y los chicos por atrás enterándose reenviándoles la imagen a los padres”. Este “desmanejo” genera un vacío que termina llenándose con rumores y pánico. “Creen que ocultando favorecen y es al revés”, sentencia, subrayando que muchas instituciones fomentan el “radio pasillo” al no comunicar las medidas que se toman.
La mirada de Mainer no se queda solo en la superficie de las redes sociales; apunta directamente a la dirigencia política y al clima de época. “Si nosotros vemos dirigentes que se insultan, que se denigran, que seguimos con el discurso de amigo-enemigo, eso no ayuda a las infancias”. Para él, la escuela es simplemente un espejo: “La escuela no deja de ser el reflejo de lo que está pasando”. En este contexto, discusiones que antes parecían lejanas, como la portación de armas, han comenzado a sobrevolar el debate público, funcionando como un “llamado de atención para no llegar a eso”.
Frente a este escenario, la receta parece ser el fortalecimiento de los vínculos y la claridad en los procedimientos. Mainer insiste en que “los protocolos no tienen que dormir en un cajón, se tienen que construir con toda la comunidad”. No se trata solo de prohibiciones, sino de un proyecto institucional donde la salud mental y la convivencia tengan el mismo peso que la currícula académica. “El proyecto de convivencia tiene que ser igual de importante que el proyecto pedagógico porque si los pibes no la pasan bien tampoco van a aprender”, concluye el especialista, dejando en claro que, sin el acompañamiento real del Estado y equipos profesionales en cada escuela, la prevención seguirá siendo una asignatura pendiente.

