En los estudios de LA CIELO FM 103.5, durante el segmento “Palabras más, palabras menos”, la columna Anto “negra” disparó un debate profundo sobre el consumo cultural actual. Lo que comenzó como una charla de vacaciones de invierno sobre la última vez que los conductores pisaron una sala de cine, derivó en un análisis crudo sobre la supervivencia de la pantalla grande frente al avance del formato vertical. “El entretenimiento es un territorio en disputa, a qué le damos atención es uno de los grandes activos hoy que tiene cualquier mercado”, sentenció Anto para definir el eje de la discusión, el cine tradicional frente al fenómeno de las “frutinovelas” y los microdramas de TikTok.
De la crisis de los 50 a la “erosión cognitiva”
La cronología del conflicto no es nueva, pero sí sus armas. Anto recordó que en la década del 50, con la llegada de la televisión, el cine entró en una “crisis total”. La respuesta de la industria en aquel entonces fue técnica, “modificaron toda la estructura, le agregaron color, le agregaron un sistema de sonido mucho más complejo” para ofrecer una experiencia que no existía en el hogar. Sin embargo, el panorama actual presenta un enemigo más íntimo: el teléfono.
Según el análisis volcado en la entrevista, estamos atravesando una “erosión cognitiva” que ha disminuido drásticamente la capacidad de atención. Esto ha provocado que la “ficción larga se retire de las pantallas”, dándole paso a formatos de bolsillo y capítulos cortos. “El formato vertical es el verdadero enemigo; a donde tiene que apuntar el cine si quiere poner una bomba atómica”, explicó la columnista, señalando cómo plataformas como TikTok han transformado la narrativa audiovisual.
El imperio de las “frutinovelas” y la inteligencia artificial
Uno de los puntos con mayor densidad de información fue el auge de los microdramas verticales, una industria que ya factura millones. Anto reveló datos sorprendentes: mientras Netflix promedia 25 minutos de visualización diaria por usuario, estos microdramas alcanzan los “35 minutos diarios”, marcando una “hegemonía de la atención total”.
Dentro de este ecosistema, las “frutinovelas” —historias creadas con IA donde frutas y verduras protagonizan tramas melodramáticas— se han vuelto virales. El creador, un diseñador colombiano, logró “10 millones de visualizaciones” en apenas 24 horas con una cuenta que nació como una tesis de grado. La descripción de estas historias no escatima en detalles, “frutas y verduras muy sexualizados, todos súper hegemónicos y vigorosos”, donde, por ejemplo, “una manzana era Ricky Martin” o un protagonista era “Luciano Castro convertido en banana”.
La disparidad con la industria tradicional es alarmante. Según se mencionó en la charla, mientras que el “cine nacional tiene 12 rodajes autorizados para este año”, existen productoras privadas produciendo “100 series verticales en este momento”.
El “Cine Evento”: El ritual como última frontera
¿Cómo resiste el cine ante este avance? La respuesta no está solo en la tecnología, sino en la sociología. Anto introdujo el concepto de “película evento”, donde ya no alcanza con estrenar un filme; ahora debe ser una “experiencia irrepetible”. “Si no existe la conversación posterior, no funcionó tu película… si no tiene 50 millones de comentarios en Twitter, es un fracaso”, analizó sobre la necesidad de generar comunidad.
Este fenómeno ha transformado las salas en algo similar a “ir a la cancha o a un recital”, con gente disfrazada y una participación activa que, irónicamente, rompe con el viejo ritual del silencio. A pesar de que los conductores bromearon sobre los costos —“el pochoclo es un choreo”— y la falta de respeto comunitario, la conclusión fue esperanzadora. Para Anto, el cine sobrevive porque ofrece algo que el sillón de casa no puede, “mientras la gente busque entretenimiento fuera de sus casas, el cine no va a morir, depende de nosotros encontrar formas de encontrarnos”.

