En una nueva entrega de su tour psicodélico por el mundo, el presidente Javier Milei aterrizó en Perú para recibir un Doctorado Honoris Causa, pero terminó dando una clase magistral de mitomanía política ante un auditorio que, lógicamente, desconoce que en Argentina el “equilibrio fiscal” se sostiene con el hambre de los jubilados y no con épicas batallas contra golpes de Estado imaginarios.
La realidad paralela: Un golpe de Estado de fantasía
Con la soltura de quien confunde sus deseos con la realidad, Milei aseguró en la peruana Universidad San Martín de Porres que el año pasado sufrió un “embate político muy fuerte” y que la oposición intentó un “golpe de Estado con siete intentos de juicio político”. Sin embargo, si uno no vive en el microclima de las redes sociales oficialistas, sabe que este señor está delirando.
La realidad es mucho más aburrida y menos “heroica”: si bien existen pedidos de juicio político por mal desempeño y posibles delitos en sus funciones, ninguno de ellos obtuvo siquiera dictamen de comisión ni fue tratado en el recinto.
Es más, el Gobierno tiene blindada la Comisión de Juicio Político con la diputada Lilia Lemoine, una de sus fieles “fuerzas del cielo”, quien asumió la presidencia de dicha comisión precisamente para bloquear cualquier intento de remoción. De hecho, desde que Milei asumió, la comisión directamente nunca funcionó.
Números “mágicos” y la batalla cultural del engaño
No contento con inventar conspiraciones golpistas, Milei decidió aplicar su propia aritmética libertaria para impresionar a los extranjeros.
Afirmó que en las últimas legislativas ganaron “41 a 24” contra el kirchnerismo, asegurando que eso en una presidencial sería ganar en primera vuelta. Pero los papeles dicen otra cosa: el resultado real de la elección legislativa de 2025 fue de 40,7% para La Libertad Avanza frente al 31,67% del peronismo.
Claramente, para el Presidente, la “batalla cultural” incluye el derecho a inventar porcentajes para alimentar su narrativa de invencibilidad.
De “sicarios del mal” y “pasteleras” milagrosas
En su verborragia habitual, Milei no perdió la oportunidad de señalar a sus enemigos de siempre como “traidores a la patria” (aunque para él, patria y gobierno sean sinónimos). Acusó por enésima vez a legisladores, “empresaurios”, medios de comunicación y periodistas de ser “sicarios del mal” que buscaban que todo “volara por los aires”.
Pero entre tanto caos autoinventado, emergió la figura de su hermana, Karina Milei, a quien definió cariñosamente como “la pastelera”. Según el relato presidencial, mientras la oposición “sembraba el terror en las calles”, la “pastelera” logró el milagro de fundar 24 partidos en seis meses, una tarea que normalmente llevaría años. “Vaya que sabe hacer cosas la pastelera”, chicaneó Milei.
En definitiva, Milei volvió a demostrar que, aunque alguna vez haya declarado muerto a Maquiavelo, aplica a rajatabla que el fin justifica los medios. Y el medio preferido es la mentira descarada para justificar medidas antipopulares ante un público internacional que, por ahora, le compra el espejismo de una Argentina que solo existe en su cuenta de X.

