El aire de LA CIELO se llenó de nostalgia y orgullo internacional durante la emisión de “Todo no se puede” en la FM 103.5. Al otro lado de la línea, desde Europa, Jorge Omar Balmaceda Rojas que celebraba su reciente consagración en el Festival Internacional de Estatuas Vivientes de Bélgica y que también protagonizaba un emotivo regreso a sus raíces radiales.
Para Balmaceda, la frecuencia de LA CIELO no es un espacio ajeno. “Trabajé en esa frecuencia del 90 al 95 me trae mucho recuerdo porque fueron momentos felices en La Plata”, rememoró con emoción, recordando la “época dorada” de la radio local donde, junto a un equipo que incluía a Freddy Pérez de Villarreal, llegaron a ganar el premio Galena por su amplia audiencia.
El salto del micrófono al pedestal
La transición de la producción televisiva y radial al silencioso arte de la estatua viviente nació de un giro inesperado del destino y la urgencia económica a fines de los años 90. Tras trabajar con figuras como Mauro Viale, Jorge relata que “de golpe se nos acabó todo esta idea de hacer cositas”. Fue en Plaza Francia donde él y su mujer —quien es bailarina clásica— vieron en este arte una oportunidad, “ante la necesidad porque la vida te va llevando por necesidad, vimos una salida elaborada instantánea rápida”, detalla Balmaceda.
Esa necesidad se transformó en una “profesión sacrificada con mucha responsabilidad porque había que vivir”. Tras recorrer el norte argentino y hacer temporadas en Mar del Plata, el consejo de los espectadores fue el motor del gran salto, “la gente te iba a decir ‘Tienes que estar en Europa porque yo estuve'”. Así, hace 27 años, Balmaceda partió hacia Barcelona con una maleta y sus sueños, logrando trabajar en Las Ramblas a los pocos días de su llegada.
El secreto de la quietud: supervivencia y disciplina
Ante la pregunta inevitable sobre cómo logra mantenerse inmóvil siendo una persona tan histriónica, Jorge fue contundente al vincular su arte con su origen en el barrio de Tolosa, “soy de un barrio marginal de la Plata – 528 131 y 132- la vida en su época no era tan fácil y me fue llevando a hacer cosas como para poder sobrevivir”. Para él, la técnica no es solo meditación, sino rigor, “si lo haces mal no ganás, te concentras porque te tiene que salir bien con dolores de cuerpo, con cansancio, con calor”.
Esta disciplina, combinada con la “fuerza argentina y la tranquilidad de los catalanes”, dio vida a su compañía “Alucinarte”, nombre que rinde homenaje a un viejo eslogan radial platense, “el eslogan del programa de radio es para alucinar en colores, nunca me olvidé de la plata”.
El contraste de una industria global
El éxito de Balmaceda no es menor, ha llevado su arte a más de 30 países, incluyendo Dubái, Kuwait y eventos de Fórmula 1. Al comparar la situación del arte callejero, Jorge destacó la enorme diferencia de inversión entre continentes. Mientras en Europa un festival puede contar con un presupuesto de “200.000 euros o más” y sponsors de primer nivel, reconoce que en Argentina la situación actual dificulta tales despliegues, “hay una inversión que por ahí no se ve en Argentina porque estamos viviendo otros momentos”.
A pesar de su éxito global y de haber ganado el primer premio en Bélgica, su corazón sigue anclado en la ciudad de las diagonales. “Nunca me olvidé de La Plata, lo llevas o por el corazón que es Estudiantes o por el programa de radio que tanto me dio”. Con un cierre cargado de carisma, se despidió de la audiencia que lo vio crecer con un deseo para sus antiguos colegas, “no se mueran nunca”

