El régimen académico de la escuela secundaria, implementado hace dos años bajo la administración de Alberto Sileoni en la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, enfrenta un momento crítico que ya no proviene de los cuestionamientos mediáticos ni de la oposición política, sino del propio seno de las instituciones educativas.
Docentes, directivos y gremios coinciden en que no están dadas las condiciones ni los recursos humanos para sostener en la práctica los objetivos y métodos diseñados para acompañar las denominadas “trayectorias diversas”. Frente a la sobrecarga laboral y las dificultades de implementación en el día a día escolar, el gobierno de Axel Kicillof aceptó en la última negociación paritaria abrir una instancia formal de diálogo técnico para rediscutir un esquema que tiene buenas intenciones pero pocas posibilidades de aplicarse.
La crítica al “posmodernismo educativo” desde el aula
Durante su participación en el ciclo Parecemos Buenos Amigos, el sociólogo y director de una secundaria en Lomas de Zamora, Damián Melcer, junto a Matías Passaro, docente en escuelas medias y de adultos de La Plata, analizaron con crudeza las tensiones que genera la aplicación cotidiana del nuevo régimen. Para los educadores, la pretensión de acompañar recorridos individuales en simultáneo sin modificar la estructura del aula colapsó la dinámica pedagógica.
Passaro y Melcer graficaron la fragmentación que enfrenta un profesor en una misma clase habitual de dos horas: “En el aula uno está con los estudiantes que van en tiempo y forma; el estudiante que en la mitad deja de ir en tiempo y forma por el simple hecho de vivir la vida; un tercer estudiante que tiene que intensificar contenidos; y un estudiante que viene a recursar del otro año. El docente que está frente a ese curso en ese día y en ese horario tiene cuatro planificaciones que hacer, y si hay integración o inclusión, cinco, en una inclusión que todos estamos viendo desfinanciada y en claro retroceso en la escuela especial”.
Para los especialistas, este cuadro expone “el límite de la idea de acompañar trayectorias diversas”, ya que al forzar una singularización extrema se produjo un golpe directo a la labor pedagógica: “La docencia tuvo su primer golpe de pérdida de autoridad porque dejó de ser el unificador de una idea o un concepto —no para quemar cabezas ni adoctrinar, sino una categoría a transmitir— para convertirse en diversificarla según tantas necesidades se vayan presentando”.
Frente a lo que definieron como un “posmodernismo espantoso educativo”, rescataron el valor fundacional de la escuela sarmientina y desarmaron el estigma que asocia la uniformidad con el autoritarismo: “Le podemos decir mil cosas a Sarmiento, pero lo cierto es que hace un sistema educativo cuya idea era homogeneizar: el hijo del peón rural tiene que salir del trabajo e ir a educarse, y el hijo de la clase alta tiene que salir de la institutriz inglesa e ir al mismo salón. Crear una primaria normalizadora no estaba mal cuando estás construyendo un Estado-nación: tenés de primero a séptimo grado alumnos que salen con los mismos contenidos, sea hijo de un peón rural o de un hacendado, y de forma gratis, obligatoria y laica”.
En contraste con aquella matriz igualadora, alertaron que el esquema vigente institucionalizó el caos operativo: “Que hoy tengas 30 alumnos y 10 o 5 clases distintas en dos horas corridas es una tarea casi imposible de llevar a cabo; mientras estás con este, tenés a 29 que están en otra: ‘Esperen que me pongo con ustedes, termino con ellos tres y voy con ustedes seis'”. Si bien reconocieron que el trabajo grupal siempre demandó mayor esfuerzo de coordinación, remarcaron que el nuevo régimen oficializó esa dispersión: “Tenés a la docencia diversificada en su propia función. Lo que uno plantea en el aula es: debatamos o reflexionemos sobre un mismo tema, ahí homogeneizás para que todo ese mundo llegue a un concepto; algunos llegarán con más tropiezos, otros a través de una canción o una película”.
A su vez, los docentes hicieron foco en las condiciones materiales indispensables para enriquecer la enseñanza, señalando que para llevar estímulos al aula el docente necesita tiempo rentado de formación y recreación cultural. En ese punto, derribaron el tradicional mito de la entrega desinteresada: “Nunca uso el término vocación en la docencia porque vocación es sacerdocio, vocación no es un trabajo. Mientras sostengas que la docencia es una vocación no podés pelear por derechos laborales. El otro lado de la vocación es resignación, renuncia y clausura. La vocación es previa a la profesionalización: profesionalicemos al docente, que se forme y que tenga dedicación”.
La postura de SUTEBA: “Aprender origami sin papel” y el riesgo de la baja titulación
Desde la perspectiva sindical, le secretarie general de SUTEBA La Plata, Julieth Fernández, confirmó que la revisión integral del régimen secundario se incorporó formalmente en el acta paritaria firmada con el gobierno bonaerense. Le dirigente aclaró que la intención gremial no es retroceder hacia modelos normativos obsoletos que arrastraban más de una década de atraso, sino dotar a las escuelas de las herramientas indispensables para que las modificaciones curriculares sean viables.
“Es excelente la idea de que los pibes puedan transitar otro tipo de trayectorias escolares y que terminen siendo exitosas, pero tienen que verse acompañadas por cargos docentes y por espacios institucionales”, remarcó Fernández. En sintonía con las advertencias de directivos y profesores de aula, le referente subrayó la contradicción temporal del régimen actual: “Lo que no puede pasar es que un docente en el mismo momento esté intensificando y dando la clase a los otros pibes; es como ir a aprender origami sin tener el papel”.
Asimismo, le secretarie general alertó sobre los efectos no deseados de flexibilizar la repitencia sin crear cargos docentes específicos (como módulos FORTE o preceptores con funciones pedagógicas claras). Según advirtió, este desfasaje produjo un marcado “sobreendeudamiento de materias”: “Los pibes llegan a sexto año con demasiadas materias adeudadas porque la intensificación no alcanza, no terminan la secundaria, esperan un año y con suerte van al Plan Fines; la estadística nos va a mostrar que la titulación va a ser mucho menor que en años anteriores”. Por esta razón, Fernández concluyó que el reclamo no apunta a anular la transformación pedagógica, sino a exigir que el Estado garantice los recursos humanos y edilicios que eviten el abandono escolar.


