En la televisión argentina pareció abrirse una rendija peligrosa por la que se intentó colar, con liviandad y en horario central, la figura con lavada de cara del dictador Jorge Rafael Videla. Ocurrió en el programa “Otro día perdido”, conducido por Mario Pergolini en Canal 13, donde una charla con el periodista Mario Massaccesi desató una polémica en redes sociales por sus afirmaciones sobre la cara visible y uno de los principales responsables de la dictadura cívico-militar iniciada en 1976.
El disparador fue una pregunta directa de Pergolini: “¿Vos creés que grandes dictadores asesinos… rescatás en que en algún lado hay una parte de humanidad?”. La respuesta de Massaccesi no tardó en generar repercusiones: “Yo creo que sí”, contestó.
Acto seguido, reveló que produce un documental sobre el dictador y argumentó que “hay un costado de él íntimo a partir de información y testimonios que tenemos”. Aunque aclaró que esa intimidad “no lo convierte en un bueno como presidente”, el uso de la palabra “presidente” (sin llamarlo dictador y ni siquiera “de facto”) para referirse a Videla provocó más cuestionamientos.
La charla que encendió las alarmas
El planteo de Massaccesi buscó distinguir entre los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado y la dimensión privada del dictador. “Todos en algún momento tenemos… se te puede abrir la puerta de la furia, de la maldad, de lo cínico, pero también está ese otro espacio”, sostuvo al aire. Después, agregó: “El mundo está como está no porque los malos hayan hecho mucho, sino porque los buenos no hemos hecho lo suficiente”, invirtiendo la carga de responsabilidad en un genocidio.

La discusión sobre la intimidad de Videla plantea una pregunta sobre los límites del enfoque biográfico cuando se aborda a responsables de crímenes de lesa humanidad. Mostrar aspectos de la vida privada de una figura histórica no equivale necesariamente a justificar sus actos, pero el recorte puede generar controversia si deja en segundo plano la dimensión de los delitos cometidos.
En el caso de Videla, la existencia de una vida familiar no puede separarse de su responsabilidad en el aparato represivo de la última dictadura. La reconstrucción de su intimidad exige considerar también los aspectos documentados de su conducta personal, sin convertir una eventual descripción de sus vínculos privados en una atenuación de los crímenes que marcaron su trayectoria.
El repudio en las redes sociales
La repercusión en X incluyó críticas a Canal 13, Pergolini y Massaccesi. Varios usuarios cuestionaron tanto el tratamiento de la figura de Videla como el uso del término “presidente” para referirse al dictador.

El usuario Andy (@andressaracco) preguntó: “pq le dice presidente al dictador”, mientras que Lilu (@Lilu2024) escribió: “Presidente?? DICTADOR, no lo voto nunca nadie!!”.
Por su parte, Nahuel Dibuja (@Nahuel…) reaccionó con la frase “Ah, volvimos a esto”, acompañada por una histórica tapa de la revista Paratí de 1976 titulada “Jorge Rafael Videla en familia”. La referencia evocó antecedentes de representaciones mediáticas que mostraban al dictador desde una perspectiva familiar.
Maximiliano Martín (@Maxi…) ironizó: “Humanizando a Videla en Canal 13. Se ve que torturaba, mataba y asesinaba y desaparecía porque justo le conocimos el lado malo”. GimeNita (@GIMENITA…) cuestionó la entrevista con la frase “Dos SORETES humanizando a un GENOCIDA”, mientras que Paturri77 (@patohembert) criticó el espacio concedido a ese enfoque. Cintia Paola (@paozalez), por su parte, calificó la escena de “atrocidad”.

¿Se busca el lado bueno de un genocida?
El debate también alcanzó una comparación con Adolf Hitler. Rey Cordero (@juankassin) escribió en X: “A Hitler le gustaban sus perros! En el fondo era buen tipo… Léase con ironía. Dios mío!”.
La discusión remite a una cuestión central: ¿qué aporta reconstruir la faceta íntima de un responsable de crímenes masivos y cómo evitar que ese retrato termine desplazando la responsabilidad histórica? La pregunta no supone que investigar la vida privada de un dictador esté vedado, sino que obliga a examinar el enfoque, el contexto y la información que se elige mostrar.
A casi 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la figura de Videla sigue ligada al terrorismo de Estado, las desapariciones forzadas, las torturas, las ejecuciones y la apropiación de niños. Su responsabilidad penal e histórica no depende de que haya tenido gestos amables en su intimidad.
La discusión, por lo tanto, excede una palabra o una entrevista televisiva. Se trata de cómo los medios construyen la representación pública de quienes encabezaron una dictadura y de qué manera un retrato biográfico puede incorporar matices sin perder de vista la magnitud de los crímenes cometidos.


