La recuperación económica que promueve el Gobierno de Javier Milei continúa sin encontrar sustento en los indicadores de inversión y actividad. Durante septiembre, la inversión real registró una contracción del 5,2% interanual y profundizó el deterioro que arrastra desde comienzos de año, mientras que la compra de maquinaria y equipos sufrió un desplome de dos dígitos, una señal de las dificultades que enfrenta el aparato productivo.
Los datos surgen del último relevamiento de Orlando J. Ferreres & Asociados, que estimó en US$8.540 millones el volumen de inversión correspondiente a septiembre. Con ese resultado, el indicador acumuló una caída del 7,6% entre enero y septiembre, medida que permite dimensionar el retroceso de los recursos destinados a ampliar y modernizar la capacidad productiva del país.
El componente más golpeado fue maquinaria y equipos, que registró una baja del 12,3% respecto del mismo mes de 2025. La contracción fue particularmente pronunciada en los bienes de capital importados, con un retroceso del 17,2%, mientras que los de fabricación nacional cayeron un 3,8%. En el acumulado anual, el rubro ya perdió un 11,5%.
El panorama expone una de las contradicciones del programa económico libertario: mientras la administración nacional apuesta a la llegada de inversiones privadas como principal motor de crecimiento, las empresas siguen reduciendo sus desembolsos en equipamiento y bienes destinados a la producción.
Una recuperación que no llega a la actividad económica
El deterioro de la inversión coincide con un escenario de estancamiento de la actividad. El Índice General de Actividad (IGA), también elaborado por Orlando Ferreres, registró en septiembre una caída interanual del 0,8% y apenas avanzó un 0,1% en la comparación mensual desestacionalizada.
El resultado del tercer trimestre tampoco dejó señales alentadoras: la actividad retrocedió un 1,2% frente al período anterior y completó dos trimestres consecutivos de contracción. De esta manera, la economía volvió a mostrar un comportamiento compatible con una recesión técnica, en contraste con las expectativas oficiales de consolidación de la recuperación.
Detrás del promedio general también aparece una marcada desigualdad entre sectores. Mientras la minería y las canteras crecieron un 17,4% interanual en septiembre, impulsadas por la actividad extractiva, la industria manufacturera retrocedió un 1,5%, la construcción cayó un 1,8% y el comercio mayorista y minorista registró una baja del 0,8%.
El agro tampoco logró sostener el nivel de actividad: agricultura, ganadería, caza y silvicultura mostró una contracción interanual del 3,9%. En tanto, la intermediación financiera retrocedió un 2,9%.
El contraste refleja una economía en la que los sectores vinculados a los recursos naturales y la explotación energética muestran mayor dinamismo, mientras que las actividades relacionadas con la producción industrial, el comercio y el mercado interno continúan exhibiendo dificultades.
Maquinaria en caída y una construcción que no alcanza
Dentro del relevamiento de inversión, la construcción fue uno de los pocos componentes que mostró una variación positiva. En septiembre avanzó un 4,5% interanual, después de cinco meses consecutivos de resultados negativos.
Sin embargo, la mejora no alcanzó para compensar el derrumbe de la compra de maquinaria y equipos. Además, el sector todavía acumuló una contracción del 2,6% durante los primeros nueve meses del año.
La debilidad de la inversión productiva representa un problema adicional para las perspectivas de crecimiento. La menor adquisición de equipamiento limita las posibilidades de modernizar instalaciones, ampliar la capacidad de producción y mejorar la productividad, factores necesarios para sostener una expansión económica que vaya más allá de determinados sectores.
En ese escenario, los anuncios de grandes proyectos de inversión y los incentivos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) todavía no se traducen en una recuperación generalizada de los desembolsos.
Los pronósticos también pierden optimismo
Las perspectivas de corto plazo tampoco permiten anticipar un cambio inmediato de tendencia. Desde Orlando Ferreres advirtieron que la inversión continúa débil y que no encuentran indicios suficientes para esperar una reacción significativa durante los últimos meses de 2026.
En cuanto a la actividad económica, la consultora también moderó sus expectativas y consideró que la recuperación podría demorarse y avanzar a un ritmo más lento del previsto. Entre los factores que podrían contribuir a una mejora mencionaron la evolución de los salarios y una eventual recuperación del ingreso de las familias.
Así, los últimos indicadores vuelven a poner en discusión la solidez del modelo económico de Milei. Con la inversión real en retroceso, la compra de maquinaria desplomada y dos trimestres consecutivos de caída de la actividad, la recuperación todavía no consigue extenderse al conjunto de la economía.
Mientras el Gobierno deposita sus expectativas en los grandes proyectos extractivos y en la llegada de capitales privados, los sectores que concentran buena parte de la producción y el empleo siguen sin mostrar señales consistentes de recuperación.


