La escena parece difícil de imaginar, pero es absolutamente real y muy fácilmente comprobable: en la sección de productos argentinos de un supermercado Carrefour en Barcelona, España, un consumidor observa que la misma sal de la archifamosa marca Celusal, producida en Argentina, resulta más barata, por ejemplo en Cataluña, que en nuestro país en donde tiene origen.
Las reacciones en redes sociales, mostró a usuarios expresando su incredulidad ante lo que describieron como una situación “incoherente e imposible de comprender”, especialmente considerando los mensajes oficiales de funcionarios de este gobierno como el ministro de Economía Luis Caputo o el secretario de desregulación, Federico Sturzenegger, sobre la supuesta “baja de precios”.
LA SAL “MÁS SALADA” DEL PLANETA
El video de un envase de 500 gramos de sal Celusal en Barcelona exhibía un precio de 2,49 euros. Tomando el tipo de cambio del “euro blue” en Argentina ($1324), esto equivale a aproximadamente 3.296 pesos. Sin embargo, en el sitio web de Carrefour Argentina, el precio de la misma sal ronda los 3.410 pesos.
Es decir, en lugar de un recargo por el envío y aranceles de importación en Europa, el precio final en España es más bajo que en el territorio argentino.
El video que muestra el precio de una sal argentina más barato en Barcelona, España, que en nuestro país
Uno de los internautas que compartió la captura expresó con sarcasmo: “Boludo, la CELUSAL es más barata en el SECTOR DE PRODUCTOS ARGENTINOS del Carrefour de BARCELONA que en los Carrefour de Argentina. Jasjajs tres veces fuimos a votar.”
El asombro de los consumidores radica en que, en teoría, el precio en supermercados locales debería ser considerablemente más bajo. Desde que asumió el actual gobierno, se insiste en que la eliminación de impuestos y la reducción del “impuesto país” bajarían los precios en los productos de consumo básico. Sin embargo, en las góndolas no se refleja este discurso, y la diferencia en el precio de un producto tan elemental como la sal genera más preguntas que respuestas.
El usuario de Twitter, que visitó la sección de productos argentinos en el Carrefour catalán, tenía únicamente el fin de preguntarse porqué un argentino compraría esa marca de sal, teniendo tanta variedad de tal producto en Europa, provenientes de diferentes sitios del mundo: “Ayer estuve en el sector de productos argentinos del Carrefour. Me fascina el hecho de que alguien compre CELUSAL viviendo en Europa y teniendo acceso a las mejores sales del planeta“.
Además de señalar esto, casi “de rebote” apareció la paradoja de los precios, porque la publicación hacía alusión a la preferencia de algunos argentinos en el extranjero por la sal de nuestro país, la cual perciben como de calidad superior frente a opciones exóticas como por ejemplo “la sal del Himalaya”.
GÓNDOLAS DE PRODUCTOS ARGENTINOS
El fenómeno también permite saber a quien no viajó por esa zona del viejo continente, una tendencia creciente en supermercados europeos de incluir “góndolas de productos argentinos”, llenas de galletitas, golosinas y alimentos cotidianos que no siempre se encuentran en el mercado europeo.
Estos productos deberían estar más caros a causa de los impuestos de importación y los costos de traslado, por lo que es un enigma cómo una sal producida en Argentina logra ser más accesible en Barcelona que en Buenos Aires.
Esta situación contradice la idea de que la política de desregulación implementada por el nuevo gobierno beneficie a los consumidores locales. Mientras que los libertarios aseguran que estas medidas ya han permitido reducir costos, la realidad cotidiana muestra exactamente lo opuesto, una escalada en los precios internos, incluso de productos básicos como la sal.
Este caso expone una paradoja inquietante: a pesar de los cambios fiscales y la “reducción de precios” prometida, para algunos argentinos, productos como la sal Celusal resultan más económicos a miles de kilómetros.
PRECIOS DE PRIMER MUNDO, SUELDOS DE ÁFRICA
La respuesta del público refleja un estado de incredulidad y escepticismo ante las promesas de políticas de ajuste, dejando en evidencia que las narrativas oficiales se enfrentan con una realidad en la que los precios en las góndolas no muestran señales de disminución.
Párrafo aparte merecería un análisis específico de como se puede subsistir con precios más caros que Europa, pero con salarios dignos de Uganda.

