La persistente escasez de gas natural comprimido en la ciudad de La Plata, que ya suma casi dos semanas de complicaciones, tiene una explicación técnica y comercial que apunta directamente a la responsabilidad de los propietarios de las estaciones de servicio. En diálogo con el programa Todo no se puede de LA CIELO, el presidente de la Cámara de Expendedores de GNC, Pedro González, calificó la situación local como un caso “emblemático” de mala gestión empresarial.
Según el dirigente, el problema radica en que la gran mayoría de las 46 estaciones platenses —con excepción de solo seis— optaron hace años por firmar contratos interrumpibles con la distribuidora Camuzzi. Esta decisión, impulsada en su momento por un dirigente local para pagar un gas más barato, condena a los establecimientos a ser los primeros en sufrir el corte de suministro ante cualquier merma en la presión de los gasoductos.
Para Pedro González, la prueba de que el desabastecimiento es una elección comercial y no un problema sistémico de la Argentina es lo que ocurre en el área metropolitana. Explicó que en las zonas concesionadas a Metrogas y Naturgy, donde funcionan casi 800 estaciones, la mayoría cuenta con contratos firmes.
“En el Conurbano hoy por hoy no está pasando esto que está pasando en La Plata”, sentenció el titular de la cámara, marcando la diferencia entre los empresarios que pagan una tarifa más alta para garantizar el servicio y los platenses que priorizaron el ahorro. Asimismo, reveló que el propio Ente Nacional Regulador del Gas —ENARGAS— ya les sugirió a los estacioneros de la capital bonaerense pasarse a contratos firmes para terminar con esta historia, pero los empresarios se niegan por el costo adicional.
La cuenta que no cierra: un ahorro que se volvió pérdida
Uno de los datos más contundentes que aportó el especialista tiene que ver con la rentabilidad del negocio. Según los cálculos de la cámara, el ahorro anual que obtiene una estación por tener un contrato interrumpible se pierde totalmente si el establecimiento permanece cerrado durante 22 días en el invierno.
“Ya llevan 12 días; quiere decir que si la estación está cerrada 22 días se perdió todo el ahorro que tienen en todo el año”, advirtió Pedro González. Bajo esta lógica, la estrategia de los estacioneros platenses de buscar un costo menor le termina saliendo más caro tanto al dueño del comercio como al usuario final, que se encuentra con las mangueras colgadas.
Finalmente, el dirigente desarmó el mito de que los contratos baratos beneficien al consumidor. Aseguró que, a pesar de que los empresarios de La Plata pagan un gas más económico que sus pares con contrato firme, eso no se refleja en el surtidor. “No es que La Plata vende más barato que el resto; al contrario, los precios más baratos del GNC están en el AMBA”, explicó.
Desde la Cámara de Expendedores insistieron en que el consumo de todas las estaciones platenses juntas “no mueve la aguja” del sistema nacional, que consume 150 millones de metros cúbicos diarios, de los cuales el GNC solo representa el 5%. Por lo tanto, el fin de las colas de cinco cuadras y la angustia de los taxistas depende exclusivamente de que los empresarios locales decidan “honrar el servicio” y contratar un suministro que no se corte ante la primera helada.

