La decisión de Mercedes Landívar de volver a ocupar su banca en la Cámara de Diputados comenzó a ser leída en clave de interna peronista apenas unos días después de la caótica sesión del Senado que dejó expuestas las heridas abiertas dentro de Fuerza Patria. Los cruces de Sergio Berni y Mario Ishii con la vicegobernadora Verónica Magario, las acusaciones por la conducción del bloque y las recriminaciones públicas entre sectores oficialistas dejaron al descubierto una pelea que ya no se disimula puertas adentro.
En ese contexto aparecen las primeras consecuencias concretas en la integración legislativa. A partir del 1 de julio, Landívar, dirigente de La Cámpora y una de las principales referencias del kirchnerismo en la Séptima sección -además abogada, profesión que nunca sobra en la Legislatura para cubrir cargo en el Consejo de la Magistratura-, retomará la banca para la que fue electa en 2023, desplazando a Laura Aloisi, una legisladora identificada con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof y políticamente cercana al vicepresidente de AUBASA, Walter Abarca.

Formalmente, la dirigente olavarriense regresará a la Cámara luego de haber tomado licencia apenas asumió para desempeñarse como jefa de Gabinete del intendente de Olavarría, Maximiliano Wesner. Lo hará manteniendo ese cargo en el municipio, aunque ad honorem, según confirmó la comuna.
Sin embargo, detrás del movimiento administrativo hay una lectura política inevitable. Landívar no sólo es una dirigente camporista: es esposa del exdiputado provincial César Valicenti, uno de los principales armadores de Máximo Kirchner en el centro de la provincia de Buenos Aires. Su regreso implica que una banca que estaba en manos de una dirigente alineada con Kicillof vuelve a quedar bajo control directo de La Cámpora.
COMO QUEDA CADA TRIBU
La modificación altera levemente el reparto interno de fuerzas dentro de Unión por la Patria. Hasta ahora, el camporismo contaba con 16 diputados propios y el sector referenciado en Kicillof y el MDF con 11. Con el regreso de Landívar y la salida de Aloisi, La Cámpora pasará a tener 17 bancas y el kicillofismo quedará con 10, mientras que el massismo conserva 10 legisladores y los espacios de Juan Grabois y el Movimiento Evita mantienen una representante cada uno.

En términos parlamentarios el cambio no modifica las mayorías. Pero en la lógica de una interna que atraviesa cada vez más espacios institucionales, el mensaje es otro: las esquirlas de la explosiva sesión del Senado ya comenzaron a impactar en Diputados. Y mientras el kirchnerismo suma una banca propia, el espacio político del gobernador resigna una voz dentro del bloque oficialista, profundizando una disputa que atraviesa a toda la estructura de Fuerza Patria, y la mira quedó puesta en la fuerza que tendrá Axel Kicillof en la Legislatura para sustentar en cimientos sólidos su candidatura presidencial, algo que en La Cámpora no están dispuestos a hacérsela fácil.

