El reciente sismo que sacudió a Colombia dejó grietas en el suelo y reabrió un debate profundo sobre la vulnerabilidad sísmica de la región. Andrés Folguera, geólogo experto, analizó en los estudios de LA CIELO las particularidades de este fenómeno, marcando una clara distinción técnica con los eventos ocurridos en Venezuela y lanzando una advertencia para el Cono Sur.
Dos mundos bajo nuestros pies
Aunque la cercanía geográfica sugiere una conexión, la geología cuenta otra historia. Según Folguera, el sismo colombiano tiene una firma distinta, “fue un terremoto muy profundo de 100 km de profundidad y probablemente tuvo que ver con la entrada del océano Pacífico por debajo del continente sudamericano, o sea, la subducción de la corteza oceánica de la placa de Nazca”.
En contraste, los movimientos en Venezuela responden a mecánicas internas de la placa. “Los sismos de Venezuela estuvieron relacionados con el movimiento de fallas, con la falla de Boconó y con la de San Sebastián”, explicó el especialista, añadiendo que, por esta razón, “fueron mucho más superficiales”. Para Folguera, la conexión entre ambos eventos es improbable debido a estas diferencias de profundidad, “es como si fuesen dos niveles tan diferentes que me parece que no tendrían que estar conectados”.
El mito de la “reacción en cadena” y el riesgo real para Argentina
Ante el temor de que estos movimientos desencadenen un sismo en Argentina o Chile, Folguera fue tajante al desmitificar las “cadenas de sismos” de larga distancia. “Para llegar a Argentina de terremotos de Colombia, pasar por Ecuador y luego Perú eso no existe, es algo que no va a pasar”.
Sin embargo, la calma es solo aparente. El geólogo advirtió que el peligro para Argentina es inherente a su propia geología y no depende de lo que ocurra en el norte, “en Argentina tenemos condiciones equivalentes a las de Colombia o las de Venezuela, eso nos va a pasar independientemente de que esté conectado o no con lo que pasó allá”. La historia lo respalda, en el siglo XX hubo al menos cuatro sismos destructivos en el país (San Juan en 1944 y 1977, Malvinas en 1929 y La Poma). “Eso quiere decir un terremoto grande cada 20 años”, sentenció.
La corrupción y la falta de memoria: los verdaderos enemigos
La mayor preocupación de los expertos no es el movimiento de las placas en sí, sino la respuesta humana y estructural. “Mi preocupación es que no estamos tan preparados, somos parecidos a Colombia”. Folguera señaló que, aunque existen normas de construcción sismorresistente, su cumplimiento es errático.
“La norma se aplica muy poco homogéneamente, depende mucho del nivel social de los barrios, de los periodos políticos; hay gobiernos que son más corruptos y no la aplican”. Esta negligencia solo se hace evidente en el momento del desastre, “ahí entendés lo que pasó, decís ‘claro, la mitad de la ciudad no está construida de esta manera’”. A esto se suma un factor psicológico crítico, “no tenemos memoria colectiva reciente de un fenómeno así, hasta que un día te levantás y pasa”.
La crisis humanitaria y el “maquillaje” de las cifras
Tras el sismo, Colombia enfrenta ahora semanas de réplicas y una reconstrucción que, según estimaciones, “va a necesitar 1000 millones de dólares”. Pero más allá de lo económico, Folguera denunció la opacidad en el recuento de víctimas, especialmente en casos como el de Venezuela.
“En Venezuela hablan de un número irrisorio de 6.000 muertos, pero probablemente haya 40.000”, afirmó, calificando la gestión del gobierno venezolano como “poco seria” y acusándolo de intentar ocultar la magnitud de la tragedia. “Es un gobierno tan poco legítimo que va a tratar de tapar eso; si puede no encontrar los cuerpos, mejor”.
Mientras las labores de rescate cesan y la hoja de ruta pasa a la atención de enfermedades infecciosas y falta de insumos, la región queda bajo la advertencia de que la tierra siempre vuelve a reclamar su espacio. Sin memoria y sin inversión transparente en infraestructura, el próximo “terremoto de cada 20 años” volverá a poner a prueba los cimientos de la sociedad.

