A veces, el silencio no llega de golpe sino envuelto en palabras. Algo de eso ocurrió con Daniel Scioli, actual secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, cuando una pregunta incómoda sobre las denuncias de corrupción que sacuden a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) derivó en una catarata de frases inconclusas, rodeos verbales y un final abrupto que no tardó en volverse furor en redes sociales.
El episodio se dio durante una entrevista en vivo para LN+, en Mar del Plata, mientras el funcionario participaba del denominado Tour de la Gratitud que encabezó el presidente Javier Milei. Consultado por la situación que involucra al titular de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, Scioli evitó una definición concreta y apeló a una respuesta difusa: “Ya fijé posición al principio de todo esto. Está muy claro, usted debe tener ahí todo lo que ha sido… con mucha claridad cuando expresé lo que… en línea con la responsabilidad que tengo, cuál era mi visión del fútbol al mundo, de la Argentina, y bueno… veremos cómo evolucionan las cosas… no quiero…”.
La falta de precisión se repitió cuando fue consultado nuevamente, esta vez por Tapia y el tesorero de la AFA, Pablo Toviggino. “Ahora… evidentemente, bueno, por todo lo que está trascendiendo del tema… pero cuando hablábamos, yo fui de una posición muy clara”, respondió el exgobernador bonaerense, sin avanzar un solo centímetro más allá de la ambigüedad.
La insistencia de la periodista terminó por tensar el intercambio. “¿Pero cuál sería tu posición?”, preguntó sin rodeos la conductora. Fue entonces cuando Sicoli aprovechó un supuesto corte de retorno para cerrar el diálogo de manera tan inesperada como polémica: “¿Laura? ¿Se cortó? Te pido disculpas, me está esperando mi familia, me tengo que ir a comer. Mandale un beso”, dijo antes de abandonar el móvil.
La escena se viralizó de inmediato y desató una ola de memes en redes sociales, donde muchos usuarios compararon la intervención del funcionario con el recordado video de Lizy Tagliani en el que, a fuerza palabras rebuscadas y frases interminables, logra no decir absolutamente nada.
Cuando el silencio también habla
El silencio de Scioli contrasta con el contexto judicial que rodea a la conducción del fútbol argentino. Tapia y Toviggino son investigados en al menos tres causas que ya derivaron en allanamientos en la sede de la AFA y en 18 clubes. Entre los ejes de la investigación figuran presuntos pagos por más de 3,7 millones de dólares a empresas “fantasma” en Miami, el origen de fondos de una mansión en Pilar valuada en más de 20 millones de dólares y denunciar por facturación apócrifa, movimientos irregulares de dinero y retención ilegal de aportes jubilatorios.
Pese a haber sido una de las voces del Gobierno que en su momento cuestionó el modelo de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), el funcionario libertario optó ahora por los murmullos, las frases a medias y un oportuno “se cortó”, dejando más preguntas que respuestas y confirmando, al menos esta vez, su maestría en el difícil arte de no decir nada.
No pocos interpretaron esa cautela extrema como algo más que un simple reflejo televisivo. Scioli no es un actor ajeno al ecosistema político y futbolero: fue candidato presidencial del peronismo en 2019 y durante años orbitó un espacio históricamente cercano a la conducción de la AFA. En ese mapa de relaciones, Tapia supo construir vínculos sólidos con distintos sectores del peronismo, un entramado que hoy podría explicar por qué el secretario prefiere el balbuceo antes que una definición que incomode viejos equilibrios.
Paradójicamente, Scioli parecía destinado a ser uno de los primeros funcionarios eyectados tras la llegada de Javier Milei al poder en 2023. Sin embargo, lejos de quedar al margen, se recicló dentro del esquema libertario y continuó en su cargo. Tal vez por eso, atrapado entre su pasado político y su presente oficial, el secretario elija no avanzar un paso en un terreno minado como el de la AFA.

