La Argentina volvió a quedar en el centro de la polémica internacional tras votar en contra de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que reafirma a la esclavitud y la trata transatlántica como crímenes de lesa humanidad y promueve el debate sobre reparaciones históricas. La iniciativa, impulsada por Ghana en representación de la Unión Africana, fue aprobada con una amplia mayoría, dejando al país en una posición de marcado aislamiento.
La votación se dio en el marco del Día Internacional del Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica, una fecha cargada de simbolismo global que busca no solo mantener viva la memoria, sino también reflexionar sobre las consecuencias actuales del racismo estructural. Sin embargo, el gobierno argentino optó por desmarcarse de ese consenso y alinearse con una postura minoritaria.
En total, 123 países respaldaron la resolución, mientras que solo tres votaron en contra: Argentina, Estados Unidos e Israel. Otros 52 se abstuvieron, entre ellos varias potencias europeas. El texto aprobado no solo reconoce la magnitud y el carácter sistemático de la esclavitud, sino que también plantea la necesidad de avanzar en medidas concretas como reparaciones económicas, disculpas formales y la restitución de bienes culturales a países africanos.

Una política exterior en soledad
La decisión del gobierno de Javier Milei no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una línea de política exterior cada vez más definida. En los últimos meses, la Argentina ha votado en soledad o en bloques muy reducidos en temas sensibles de derechos humanos, marcando un quiebre con su histórica tradición diplomática. La postura oficial rechaza conceptos como “reparaciones históricas” o “justicia social”, en línea con una visión ideológica que privilegia el individualismo y desestima los reclamos colectivos.
Pero más allá de la argumentación formal, el trasfondo político resulta evidente. La reiterada coincidencia con Estados Unidos e Israel expone un alineamiento que parece ir más allá de lo estratégico para rozar lo automático. Como un niño que imita a su superhéroe sin cuestionamientos o como un fan que sigue a su banda favorita sin importar el rumbo, el gobierno de Milei parece replicar decisiones sin medir costos ni contextos, incluso en escenarios donde la Argentina supo construir prestigio internacional.
En ese marco, el voto negativo no solo tensiona compromisos asumidos, como los derivados del Programa de Acción de Durban, sino que también debilita la posición del país en el sistema global de derechos humanos. En una jornada dedicada a la memoria y al reconocimiento de una de las mayores tragedias de la humanidad, la Argentina eligió pararse en la vereda opuesta al consenso internacional, reforzando una política exterior que, lejos de ampliar vínculos, la aísla cada vez más del mundo.

