Si sos de los que todavía creen que La Plata es la ciudad “perfecta” diseñada con escuadra y compás, es porque nunca intentaste cruzar el centro un martes a las once de la mañana. Para el recién llegado, el trazado de nuestras diagonales parece un sueño urbanístico, pero para el que vive acá, la realidad es una pesadilla de chapa, pintura y balizas prendidas “cinco minutitos“.
Un reciente y creativo video publicado por la cuenta de Instagram En Escena La Plata (quienes capturaron con precisión quirúrgica nuestra idiosincrasia al volante) pone blanco sobre negro (o mejor dicho, auto sobre calle) una situación que ya es casi ancestral.
Como bien resume el clip en su inicio: “Los platenses no manejamos, hacemos zigzag”. Es una coreografía involuntaria donde el carril derecho (o el izquierdo, o ambos) desaparece bajo una hilera de autos detenidos, obligando al resto de los mortales a ensayar maniobras dignas de “Vamos nene” (Franquito) en avenidas o calles céntricas.
El Tetris de las diagonales
Lo curioso es que, a pesar de lo cotidiano y consuetudinario de la situación, cada vez que nos quedamos trabados detrás de una camioneta en doble fila, el asombro se renueva.
No es solo que seamos la capital provincial; según el posteo viral, somos “la capital de la doble fila, PERO NO SÓLO ESO, también la capital de la doble fila mal organizada”.
Pareciera existir un código no escrito donde, si ya hay un auto estacionado en infracción, el siguiente debe hacerlo del otro lado de la calle para garantizar que el tránsito se convierta en un embudo imposible.
El video invita irónicamente a los usuarios a dar “like” para que, por lo menos, el próximo que estacione mal lo haga del mismo lado que ya hay un auto, dándonos un respiro en esta selva de cemento.
Amor y odio al volante
¿Es posible sobrevivir al microcentro platense sin perder la cordura? La respuesta corta es no. Como bien señala la publicación de los autores del video, la frase “Manejar en el centro de La Plata es fácil… Dijo nunca nadie” es el mantra que repetimos mientras esquivamos colectivos y esquinas sin semáforo.
Para el que acaba de aterrizar en la ciudad de las diagonales, este zigzag constante es su bautismo de fuego. Es nuestra forma de dar la bienvenida: “mirá de qué estamos hechos”.
Somos una mezcla de resignación y pericia técnica. Aunque estemos “renegados” por el desastre que nosotros mismos generamos, la conclusión es siempre la misma: “amamos La Plata”. Porque en ninguna otra ciudad del mundo el caos se ve tan geométricamente perfecto desde el aire, aunque abajo estemos todos haciendo zigzag, slalom y amagues para llegar a casa.

