La escena duró apenas unos minutos, pero alcanzó para transformar una mañana común en una secuencia de terror. El periodista Nicolás Wiñazki estaba en Hurlingham dentro de una casa en refacción, esperando a que llegaran los trabajadores, cuando dos hombres armados irrumpieron sin previo aviso. No hubo forcejeos ni discusiones: la situación quedó clara desde el primer segundo. Era un robo.
Los delincuentes aparecieron encapuchados y con armas en la mano. Le exigieron dinero de inmediato, convencidos de que en la vivienda había efectivo. La casa todavía no está habitada y para los ladrones, fue el escenario perfecto para un golpe rápido y sin testigos. No contaban con que alguien estuviera adentro. El periodista quedó cara a cara con los asaltantes en un espacio cerrado, sin posibilidad de escapar.
En medio de la tensión, cuando le preguntaron a qué se dedicaba, respondió que era periodista. Entonces lanzó un pedido que parecía imposible en ese contexto: que no se llevaran su celular porque lo necesitaba para trabajar. Contra todo pronóstico, accedieron.
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El robo terminó siendo tan violento como breve. Se llevaron dólares, pesos, una computadora, una mochila y una consola de videojuegos perteneciente a uno de sus hijos. Después salieron a toda velocidad en un auto negro y desaparecieron de la zona en cuestión de segundos.
LA INVESTIGACIÓN
Wiñazki no fue golpeado ni sufrió heridas, pero el impacto emocional fue inmediato. La sensación de vulnerabilidad quedó instalada desde el primer momento: estaba solo, en una casa sin medidas de seguridad, en plena mañana y a merced de dos delincuentes armados.
Con el correr de las horas, los investigadores comenzaron a reconstruir la huida a partir de cámaras de seguridad. La principal pista apunta a un Peugeot 308 negro que habría sido robado días antes en Morón. Ese vehículo sería el mismo que utilizaron para escapar tras el asalto.
La causa quedó en manos de la comisaría 1ª de Hurlingham y de la UFI N° 8 de Morón. Por ahora, no hay detenidos. La hipótesis principal es que se trató de un robo al voleo, aprovechando la vulnerabilidad de una casa deshabitada. Pero el susto ya está hecho.

