En medio de fuertes aumentos en los precios de la carne vacuna, el Gobierno Nacional apunta a bajarle los costos a los productores ganaderos a como dé lugar. Incluso arriesgando el estatus sanitario conseguido por el país tras décadas dedicadas a la vacunación y el control. El control de la fiebre aftosa en juego.
Este viernes, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) anunció que, a partir de 2027, cualquier veterinario podrá aplicar la vacuna obligatoria contra la aftosa. Hasta ahora, y desde 2001 cuando Argentina registró su último brote, ese trabajo que se hace todos los años lo hacían fundaciones registradas como entes vacunadores que se encargaban de la supervisión sanitaria de la región en la que estaban.
Según el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, este cambio “literalmente revoluciona la aplicación de la vacuna aftosa en Argentina, respondiendo a una demanda de años del sector ganadero”. La medida que ya fue oficializada en la Resolución 201/26 del SENASA actualiza el régimen de participación del ejercicio profesional en las campañas sanitarias la contra la fiebre aftosa y la brucelosis bovina y autoriza la prestación individual de estos servicios a partir del 1 de enero del 2027.

Según informaron desde el organismo que dirige Pilar Giraudo, desde el año que viene “los productores podrán elegir a un veterinario acreditado ante el SENASA para la compra, conservación y aplicación de las dosis antiaftosa y antibrucélica durante las campañas oficiales o en vacunaciones estratégicas”. “Esperamos que esta desregulación/liberalización permita seguir bajando los costos de nuestra ganadería que vive uno de los mejores momentos de su historia“, expresó esta mañana Sturzenegger.
La estocada final a una estrategia sanitaria histórica
Con esta iniciativa, la administración libertaria termina de pasar a retiro la estrategia de vacunación contra la aftosa que había adoptado el país en 2001. En aquel momento, la enfermedad había vuelto a aparecer en el ganado lo que limitaba fuertemente la comercialización. Para erradicarla, las autoridades decidieron crear los entes vacunadores por región, imponer un estricto calendario de inmunización y fiscalizar la calidad del fármaco a aplicar.

De esa manera, Argentina recuperó su estatus sanitario libre de aftosa y desde hace 20 años que no registra ningún caso de esa enfermedad. Sin embargo, en estos últimos años el Gobierno Nacional deshizo los tres pilares de esa estrategia en su afán por bajar costos y simplificar la actividad.
Lo primero que hicieron fue abrir la importación de productos veterinarios para bajar el precio de la vacuna. En ese momento, mayo de 2025, se estimaba que una dosis en Argentina costaba 1,2 dólares mientras que en países vecinos como Uruguay o Paraguay rondaba los USD 0,5.
El segundo cambio, tal vez más importante, fue cambiar la estrategia de prevención que consistía en inmunizaciones anuales para todo el ganado. Esto se oficializó en septiembre del año pasado, pero va a entrar en vigencia por primera vez en la segunda campaña de vacunación de este año que ya no será para todas las categorías sino para terneros no vacunados.

