La carne vacuna volvió a aumentar muy por encima del índice de inflación. En 2025, el IPC avanzó 31,5%, pero la carne subió entre 65% y 70%, según mediciones del INDEC y del IPCVA. Pasan los gobiernos, las lluvias y las inundaciones, pero el dilema asado versus polenta sigue vigente.
Es que los cortes más habituales en el consumo doméstico, los que definen si el asado del domingo es posible o no, quedaron incluso por arriba de ese promedio: la nalga trepó 68,4%, la paleta 69,6%, el cuadril 66,3%, el asado 59,6% y la carne picada común 60,6%.
Ese desfasaje responde a una combinación de factores que comprimió la oferta y sostuvo la presión sobre el mercado interno.
Las claves que explican la suba de la carne
El informe del CEPA identifica como punto de partida la reducción del stock ganadero. La sequía de 2023 deterioró pasturas, forraje y sanidad, y empujó a los productores a vender animales antes de tiempo. Esa decisión, tomada para no perder la actividad, terminó recortando la base productiva y dejando menos novillos, vaquillonas y terneros disponibles para los ciclos siguientes. La caída en los nacimientos y la mayor mortandad completaron un cuadro que no se recompone de un año para otro.
A esa contracción estructural se sumó otra: las lluvias extraordinarias de 2024 y 2025, que afectaron de lleno a las zonas ganaderas. Las inundaciones forzaron nuevas ventas anticipadas, complicaron el manejo de los rodeos y deterioraron los índices de preñez. La faena lo muestra con crudeza: veinte meses consecutivos de caídas interanuales confirman que la oferta viene achicándose sin interrupciones.
Las complicaciones también llegaron por el lado de la logística. El mal estado de los caminos rurales, agravado por el exceso de precipitaciones, encareció los traslados y limitó la salida de hacienda. A menor disponibilidad y más restricciones para moverla, mayor presión sobre el precio final.
El informe agrega un factor que complementa este escenario: la demanda internacional, que mantuvo un nivel alto de compras. Los valores externos, más atractivos, empujaron al novillo hacia arriba y generaron un efecto de arrastre sobre los cortes de consumo interno. En un contexto de oferta ajustada, el mercado local compite con un flujo exportador en crecimiento.
Finalmente, el precio del maíz subió, pero su incidencia —cercana al 8% del costo total de la hacienda— no alcanza para explicar la magnitud del aumento. Desde octubre de 2025, su comportamiento incluso se desacopló del novillito.
El resultado es el que hoy ve cualquier consumidor frente a la góndola: un precio que sube más rápido que el resto y que responde a una oferta que no logra recomponerse y a una demanda externa que se mantiene firme.

