Llegar a fin de mes se convirtió en una carrera de obstáculos para la mayoría de las familias argentinas. Las cifras oficiales muestran una señal de alarma indiscutible: la morosidad en los créditos a los hogares alcanzó en julio de 2026 un récord del 12,9%. De forma aún más drástica, la proporción de deudores con pagos atrasados en la Central de Deudores del Banco Central se duplicó con creces, pasando del 13,6% en octubre de 2024 al 27,8% en junio de 2026. Con un 15,5% del dinero prestado en situación irregular, el nivel de incumplimiento de las familias argentinas supera ampliamente el de países vecinos como Brasil (5,2%) o Chile (3,0%).
Frente a esta ola de deudas impagas, la explicación oficial del Gobierno sostiene que los hogares se endeudaron de más atraídos por una mayor oferta financiera o por tomar créditos por encima de sus posibilidades; además de sostener que no es problema del estado sino un acuerdo entre privados.
Sin embargo, un informe de la Fundación Encuentro, elaborado sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC), revela una realidad muy distinta: los argentinos no están pidiendo más crédito que antes, sino que tienen severas dificultades para pagar deudas que antes saldaban sin caer en la mora.
Mismo endeudamiento, peor capacidad de pago
Durante el primer trimestre de 2026, el 58,7% de los hogares urbanos declaró recurrir a alguna forma de financiamiento para sostener sus gastos cotidianos. Esta cifra no representa un récord ni un salto repentino: a lo largo de toda la última década (2016-2026), el porcentaje de familias que apela al crédito se ha mantenido estable en torno al 59%, ubicándose por debajo del pico del 61,6% alcanzado a fines de 2019.
Por lo tanto, la cantidad de hogares que busca financiamiento no creció de golpe. Lo que se deterioró drásticamente son las condiciones económicas, como la caída de los ingresos reales y el alza del costo de vida, que permiten afrontar esos compromisos habituales.
Menos bancos y más ‘tarjeta y libreta’
A la hora de estirar el presupuesto, las familias recurren principalmente a mecanismos de consumo cotidiano antes que a préstamos bancarios tradicionales. Apenas el 2,7% de los hogares pide crédito exclusivamente a bancos o financieras. En cambio:
- Un 33,7% se financia únicamente mediante compras en cuotas o al fiado (con tarjeta de crédito o la libreta del comercio de cercanía).
- Un 17,5% combina distintos medios de financiamiento.
- Un 4,9% acude exclusivamente a préstamos de familiares o amigos.

Criar hijos, trabajar en blanco y vivir en el NOA: la radiografía del endeudamiento
El estudio permite desarmar varios prejuicios sobre quiénes son los que acuden al crédito:
- La crianza como motor del endeudamiento: La presencia de chicos en el hogar eleva notablemente la necesidad de patear gastos para adelante. El 62,8% de los hogares con niños o adolescentes se financia, frente al 52,7% de los hogares sin chicos. El punto más alto se da en las parejas con hijos (64,4%) y en los hogares monomarentales (61,4%), donde cubrir alimentos, vestimenta, salud y educación vuelve indispensable el financiamiento.
- La paradoja de los ingresos altos: El financiamiento alcanza su punto máximo en los sectores de mayores ingresos (deciles 8 al 10), donde 7 de cada 10 hogares recurren al crédito (con un pico del 72,5% en el noveno decil). Esto no responde a una mayor necesidad de subsistencia, sino al acceso formal a tarjetas y bancarización. En los sectores de menores ingresos (deciles 1 a 3), 6 de cada 10 hogares también se financian, aunque con un acceso mucho más restringido e informal.
- El empleo formal recurre más al crédito: Los asalariados formales se financian en un 71,1%, mientras que entre los informales la cifra cae al 55,8%. Las personas desocupadas recurren al financiamiento 12 veces menos que las ocupadas debido a las barreras de acceso al crédito.
- Desigualdad geográfica: El mapa del país muestra que el Noroeste (NOA) es la región donde más gente recurre al financiamiento (68,2% de los hogares, o casi 7 de cada 10). Le siguen la Patagonia (64,9%) y Cuyo (62,2%), mientras que el Noreste (NEA) registra la menor incidencia con un 50,5%.

El informe concluye que atribuir la mora a “decisiones irresponsables” de las familias o a la imprudencia de los bancos pasa por alto el problema estructural. Los hogares argentinos mantienen las mismas pautas de financiamiento de los últimos diez años; lo que cambió de manera crítica es la capacidad de los salarios para afrontar una estrategia de financiamiento que ya formaba parte de su vida económica cotidiana.

