Durante la jornada del festival Cafecito BA, la Argentina volvió a inscribir su nombre en las páginas doradas de la gastronomía global al confeccionar el alfajor más grande del mundo, una proeza de 3.112 kilos certificada de forma oficial por los jueces de Guinness World Records.
En el corazón de esta hazaña histórica late la tenacidad y el conocimiento de la industria bonaerense, la pyme familiar Milkey, oriunda de la ciudad de Chivilcoy, fue la encargada de elaborar y aportar la asombrosa cantidad de 1.400 kilos de dulce de leche, el ingrediente estrella que mantuvo unida la monumental estructura.
La fórmula secreta que resistió tres toneladas
Construir un gigante de harina, azúcar y relleno que supere los 3.000 kilos no es solo un desafío pastelero, sino un problema de ingeniería física. El alfajor debía mantener su cohesión, firmeza y consistencia sin desmoronarse bajo su propio peso ni perder la cremosidad exigida por los estándares internacionales.
Para lograrlo, el equipo técnico y maestro pastelero de Milkey desarrolló en su planta de Chivilcoy una fórmula especial de dulce de leche. Esta preparación a medida garantizó la densidad, densidad estructural y viscosidad ideales para sostener las tres capas gigantescas de tapas de alfajor sin desbordarse.
Grúas, logística milimétrica y tensión en Recoleta
El despliegue operativo en el predio de Recoleta requirió una logística propia de una obra civil. Mientras decenas de pasteleros, colaboradores, docentes y estudiantes del Instituto Gastronómico Internacional trabajaban contrarreloj para el ensamblado y montaje, la maniobra demandó el uso de grúas de alta capacidad y plataformas móviles.
El traslado y vertido de los 1.400 kilos de dulce de leche desde los contenedores especiales hasta el centro del alfajor fue uno de los momentos de mayor tensión de la jornada. Ante la mirada atónita de vecinos, turistas y fanáticos de lo dulce, cada capa fue colocada con precisión quirúrgica.
El veredicto internacional y el festejo popular
Pasadas las horas de arduo trabajo, llegó el instante decisivo. La jueza oficial de Guinness World Records inspeccionó la higiene, el proceso de elaboración, las proporciones y realizó la pesada técnica final. Cuando la báscula marcó los 3.112 kilos, la fiscalizadora anunció el veredicto: la Argentina había destronado la marca anterior y establecido un nuevo Récord Guinness.
La confirmación desencadenó una fiesta popular en plena plaza. Acto seguido, se inició el corte y reparto de 60.000 porciones entre los miles de asistentes al evento, mientras que otra parte de la producción fue destinada como donación a centros de primera infancia.
Para la pyme familiar de Chivilcoy, la jornada no solo significó un logro técnico y comercial, sino el reconocimiento al esfuerzo de años de tradición láctea. El dulce de leche chivilcoyano demostró que con calidad, ciencia alimentaria y pasión, la producción regional está preparada para sostener los récords más exigentes del planeta.

