Dejar el hogar natal para cruzar la provincia y encarar una carrera universitaria es una travesía que combina incertidumbre económica y desarraigo emocional. En ese cruce de caminos se encuentra la Casa del Estudiante del Centro de Estudiantes Universitarios de Bragado en La Plata (CEUB), una institución histórica que funciona como refugio y motor de contención para los jóvenes bragadenses en la capital bonaerense.
En una entrevista exclusiva para INFOCIELO, Camila Magnetti Rodríguez, becada de la Casa del Estudiante y presidenta del Centro de Estudiantes Universitarios de Bragado en La Plata, explica que “llegué a la ciudad de La Plata en el 2022, cuando arranqué mis estudios en la carrera de Medicina”, se presenta la joven que hoy encabeza la organización. La elección de la ciudad de las diagonales no fue al azar, “elegí venir para esta ciudad porque me parecía la más segura y también porque era una de las más cercanas para venirme a estudiar, teniendo en cuenta que en otras ciudades más cercanas a Bragado no estaba la posibilidad de esta carrera. Decidí venir a la Casa del Estudiante porque la situación económica no me permitía otras posibilidades como, por ejemplo, una pensión o algún alquiler particular”.
Camila transita el cuarto año de Medicina y ostenta un título no oficial pero decisivo para la dinámica diaria, “soy la más antigua en la Casa del Estudiante, por lo que ya sé cuáles son los principales inconvenientes que surgen con el pasar de los meses en los becados y en la casa, los problemas de convivencia más comunes. Eso hace que sea un poco más fácil poder llevar a cabo soluciones para que la convivencia sea lo mejor posible”.
Un engranaje de 96 años que busca renovarse
El CEUB no es una iniciativa reciente, arrastra casi un siglo de memorias, pasillos habitados y profesionales recibidos. “El CEUB ya tiene 96 años. Ha tenido sus períodos donde ha estado sin actividad, pero este año decidimos retomarlo con más ganas todavía. La idea es poder llegar a más personas que han estado también en ese año y que no sabían que estaba en actividad de nuevo, y que es algo que nos puede re ayudar”, explica Camila con entusiasmo sobre la reactivación institucional.

La génesis de la institución guarda un espíritu solidario que mutó con las décadas, “al principio el Centro nació como un grupo de personas, de estudiantes, que decidieron becar a otros estudiantes. Luego, con el pasar de los años, recibió la ayuda de la Municipalidad de Bragado, donde empezaron a alquilar casas para los estudiantes. Ya ahora, actualmente, la Casa del Estudiante —como la decisión de los becados que entran y que renuevan en la casa— es solo decisión de la Municipalidad de Bragado. Igualmente, el Centro nunca perdió su esencia y la idea es seguir haciendo actividades que nos ayuden a los estudiantes a poder recibirnos, a estar mejor en la casa, estar en mejores condiciones”, sostiene Camila.
Esa duplicidad entre el control municipal de las becas y la autogestión de la vida diaria establece una frontera clara de responsabilidades: “Con el Municipio estamos en constante contacto porque ellos son los que nos dan la beca y todos los años son los que deciden si nosotros, los becados, renovamos o no, y también si entra gente nueva a la casa. Nosotros nos encargamos de otras cosas internas en la casa, como la limpieza y las cuestiones organizativas para la mejor convivencia posible”.

Redes gremiales y articulación regional
Este impulso de reorganización no se da de manera aislada, sino dentro de una red de contención más amplia entre centros del interior bonaerense. “Este año, además de reactivar nuestras actividades en el Centro, empezamos a reunirnos con otros centros de estudiantes a través de la Federación Universitaria Bonaerense, que es quien reúne a los centros, y empezamos a tener reuniones periódicas donde empezamos primero a conocernos, a charlar sobre nuestras realidades, sobre la realidad de los becados, de las casas, cuáles son los principales problemas o conflictos a resolver”, relata Magnetti Rodríguez sobre el trabajo gremial conjunto.
Esa articulación estratégica permitió potenciar la búsqueda de respuestas colectivas, “eso nos permitió no solo conocernos, sino entender el funcionamiento de otros y poder tomar iniciativa de, con estos problemas que tenemos en común, qué es lo que podemos hacer en conjunto para solucionarlos; con la finalidad siempre de ayudarnos entre los centros y así poder todos los estudiantes estar mejor, poder ayudarnos entre nosotros y así poder recibirse. La idea sería seguir reuniéndonos e ir creciendo entre todos y cada uno de los centros, es una ayuda constante que hacemos entre todos”, detalla Camila.

Ese lazo fraternal se tradujo de forma concreta en las celebraciones institucionales recientes. “Para el aniversario de nuestro Centro, el pasado 28 de agosto, hicimos una actividad en conjunto con el Centro de Estudiantes de Saladillo, quienes habían organizado una fiesta en un boliche de la ciudad de La Plata. Ya que ellos también cumplían años en la misma semana, fue una actividad en la que pudimos compartir juntos con la finalidad de festejar los aniversarios de ambos centros juntos. Nos sumamos a la fiesta que ellos organizaron con la finalidad de recaudar fondos y principalmente festejar todos juntos”.
El horizonte: entre la historia y el título
En las dinámicas del CEUB, el apoyo no proviene únicamente de la gestión estatal y gremial; la comunidad de egresados y familiares juega un rol clave para sostener la estructura. “En el Centro la mayoría somos todos los becados de la casa, y también tenemos gente que nos ayuda, como son los padres y gente con la que nos estamos poniendo en contacto y que tiene interés en ayudarnos, que ha formado parte de la comisión hace muchos años y que nos dan herramientas como para poder hacer nuevas actividades”, señala la presidenta.
El empuje por reconstruir el nexo con el pasado conserva un propósito identitario, “estamos en constante búsqueda de personas que hayan estado en el Centro hace varios años y que puedan contarnos más sobre su experiencia, como también de la manera en que puedan ayudarnos. Sería súper enriquecedor para nosotros poder charlar con personas que se hayan recibido estando en el Centro de Estudiantes, que la realidad es que es un orgullo, porque es uno de los centros más antiguos de la provincia de Buenos Aires”.
Detrás de las rutinas de estudio, las guardias de limpieza, los eventos compartidos y las asambleas gremiales, subyace una realidad compartida por todos los habitantes de la vivienda, la exigencia de hacerse camino lejos del hogar. “Poder recibirse estando en el Centro es un gran logro, teniendo en cuenta todo lo que conlleva ser becado en la Casa del Estudiante, como estudiar en otra ciudad tan alejado de donde uno es, alejado de sus familiares y de todo lo que uno tanto quiere”, reflexiona Camila. Con casi un siglo sobre sus espaldas y la fuerza renovada de sus estudiantes, la Casa del Estudiante en La Plata sigue demostrando que el esfuerzo colectivo es, muchas veces, la única vía para alcanzar el sueño profesional.

