A Sergio “El Ruso” Karakachoff lo secuestraron hace medio siglo en septiembre de 1976 junto a su amigo y colega Domingo “Mingo” Teruggi. Con sus 37 años, el militante platense de la Unión Cívica Radical consolidaba una importante trayectoria en la participación política, desde el centro de estudiantes del Colegio Nacional, el reformismo universitario, como abogado defensor de los DDHH y periodista crítico.
Su vida se mide en el fuego intenso del compromiso que llevó adelante. Nació y creció en La Plata entre sus diagonales y los debates universitarios donde construyó la idea de que la política no es un fin en sí mismo, sino un deber con los desposeídos y una herramienta para reparar la injusticia.
Las picardías del “Colorado”: Parque Saavedra, inventos y la Fruna del Pincha
Mucho antes de ser el dirigente de hablar pausado, temperamento introspectivo y oratoria firme, Sergio fue un pibe platense inquieto, carismático y de un ingenio desbordante. Atravesaba el Parque Saavedra con chicos de otros barrios, las aventuras del Ruso hicieron crecer rápidamente su prestigio y el respeto de sus vecinos.
En la casa familiar, su imaginación solía ir más lejos que su habilidad manual. Entre sus obras de “ingeniería casera”, sus amigos y hermanos recuerdan su más simpático fracaso: el intento de fabricar una mesa de ping-pong. Como la tapa no era de una sola pieza, la pelotita picaba hacia cualquier lado de manera caprichosa. Lejos de frustrarse, los materiales terminaron convirtiéndose en la cuchita de “Yuyito”, el perro de los Karakachoff.
Ese entusiasmo compenetrado lo acompañó también en las tribunas. Sergio y sus hermanos —los “colorados” Karakachoff— siempre que podían acompañaban a Estudiantes de La Plata. Cuando el Pincha perdió la categoría y debió jugar en la Primera B, la cita pasó a ser los sábados. Mientras su padre, el ingeniero Karakachoff, se preguntaba dónde andaban sus hijos esas tardes, los hermanos montaron una “distribuidora” ambulante de Frunas (caramelos masticables) para financiarse los viajes en tren a estadios cercanos como la Isla Maciel, Lomas de Zamora o Tigre. Así lo detallan en el libro “En Lucha” dedicado a narrar su historia y la de todos aquellos que compartieron vida con él.

La génesis política y la necesidad de la Unidad Nacional
Durante el siglo XX, la Argentina fue desangrada por constantes interrupciones institucionales. Cada golpe militar resultaba más sanguinario que el anterior, profundizando la dependencia económica y ajustando un aparato de terror que desbordó todos los límites en 1976.
Sergio militó desde muy chico, empezando su carrera política en el centro de estudiantes del Colegio Nacional donde fue presidente, en la facultad de derecho de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) formó parte del centro de estudiantes que le daría vida a la Franja Morada. Quiénes compartieron su camino afirman que la tribuna universitaria y partidaria eran los ámbitos en los que exponía sus ideas y sus propuestas. De una profunda concepción humanista en la que se había formado, era predicador de la doctrina social del radicalismo que inició con Moisés Lebensohn y Crisólogo Larralde.
Sergio recorría la provincia de Buenos Aires, inspirando a jóvenes a sumarse a las filas del radicalismo, discutió y expuso sus ideas ante dirigentes a los que se plantaba con claridad. En 1963 y 1964 fue secretario legislativo del Concejo Deliberante de la municipalidad de La Plata con 24 años.
Tras el derrocamiento de Arturo Illia en 1966 —un presidente austero y progresista—, los militantes se preguntaban por qué la sociedad no había acompañado esa gestión. Karakachoff fue de los primeros en comprender la respuesta, era imperioso romper las antinomias estériles que dividían al pueblo, construir la Unidad Nacional y enfrentar al bloque de poder económico y autoritario que crecía al amparo de la dictadura.

En la imagen se encuentra junto a Felipe Fernández con quién fundo el Movimiento de Afirmación Popular (MEP) para movilizar al partido, enfrentándose a la dictadura de Onganía y fueron críticos del accionar de la UCR en el derrocamiento a Illia. Además, fue co-fundador de la corriente Renovación y Cambio dentro de la Unión Cívica Radical junto a Raúl Alfonsín, Karakachoff jamás se quedó en la declamación. Vivió exactamente como pensaba, alejando al partido del sello burocrático ya que lo concebía como un instrumento acoplado al dolor de los trabajadores y comprometido con la comunidad.
Con una actitud rebelde, Sergio defendía que los dirigentes del partido tenían que salir a la calle, estar en los barrios de la ciudad, cerca de las asociaciones vecinales, en los sindicatos y asociaciones intermedias. Desafiando el status quo de dirigentes de café, atraía voluntades que seguían al dirigente que lejos de proclamarse insistía con el ejemplo.

La prensa como trinchera: El legado en En Lucha
Karakachoff fue un sembrador de ideas a través de la tinta. Periodista y Abogado egresado de la UNLP, entendió que la palabra escrita era una herramienta pedagógica, transformadora y profundamente política. Al dirigir su célebre periódico En Lucha, el Ruso plasmó el ideario de una generación que se negaba al conformismo, apuntando a recuperar espacios de la clase trabajadora.

Pocos días antes de su secuestro, difundió su texto “Acerca de la violencia”, denunciando el accionar represivo y dejando en claro que la fuerza jamás sustituiría el valor de la dignidad humana.
“Mingo” Teruggi y el estudio de los abogados de los trabajadores
En los años oscuros, la situación socioeconómica se agravó con la puesta en marcha de un plan de enajenación de la economía nacional. En 1976, Domingo “Mingo” Teruggi —un inseparable amigo de Sergio— obtuvo su título de abogado y Karakachoff lo incorporó a su estudio de La Plata.
Especializados en Derecho Laboral, ambos jóvenes abogados y padres de familia participaban en pleitos gremiales que los llenaban de satisfacción ética, pero no de ganancias económicas. Para aliviar la situación, Teruggi y Marimé Arias -esposa de Sergio- se presentaron a un concurso para cargos de inspectores en la Caja de Subsidios Familiares para el Personal de la Industria (CASFPI), desplazando en buena ley a sectores vinculados a la derecha violenta.
A pesar de ganar el concurso, sufrieron persecución e intimidaciones inmediatas con panfleteadas que los señalaban falsamente. Ante el asedio y el peligro latente para sus familias, en los primeros días de septiembre de 1976, Mingo y Marimé decidieron renunciar.
El abrazo de la lealtad hasta el final
Aquel 10 de septiembre de 1976, la patota de la represión rondaba los pasos de la familia. Un comando pasó por la guardería de las hijas de Sergio y Marimé preguntando por ellas. La directora del lugar, María Luisa Navarro, alertó inmediatamente al Ruso. Tras poner a salvo a las niñas, Sergio no dudó un segundo y corrió hacia la casa de su amigo “Mingo” Teruggi para alertarlo del peligro.
Pero llegó tarde. Los secuestradores ya estaban adentro esperando a Marimé. Al golpear la puerta, la esposa de Mingo, Marirrós Tonelli, lo atendió bajo la extorsión de las armas, intentando protegerlo con un trato distante y pidiéndole que volviera en otro momento.
El Ruso, presintiendo la trampa pero llevado por una lealtad insobornable, no se retiró e insistió en ingresar para proteger a los suyos. Cuando los hombres armados le preguntaron qué hacía ahí y comprobaron que se trataba del marido de Marimé, el propio Sergio Karakachoff.
Esa misma noche se llevaron a ambos. Horas después, los cuerpos acribillados de Sergio y Mingo aparecieron en un descampado de Magdalena. Creyeron que callaban a dos hombres pero en realidad, los convertían en un símbolo eterno.
“Un militante no es un héroe. Simplemente quiere vivir. Simplemente no se conforma con aceptar que otros han decidido ya su vida, su futuro, sus módicas ambiciones y su muerte”.
— Sergio Karakachoff, con la convicción que lo acompañó durante toda su vida.
El legado indiscutible
5 décadas después, a Sergio Karakachoff lo reivindica la Juventud Radical que lleva su rostro en banderas de lucha y la Franja Morada, que hoy estrenan un cortometraje. Además, lo reivindican la Universidad Nacional de La Plata —cuyo edificio de Posgrado honra su nombre—, los periodistas que conciben el oficio como un compromiso social, y todos aquellos que, sin distinción de banderas, se niegan a venderse ante el poder o doblegar sus ideales.

Las huellas de Karakachoff siguen latentes en la ciudad de La Plata, además del edificio donde funcionaron, hasta 2014, las facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales y de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, la biblioteca del Colegio Nacional Rafael Hernández lleva su nombre. Al igual que, la sala de relatores del Concejo Deliberante de la ciudad de La Plata y el archivo creado en la Universidad Nacional de La Plata, en 2023, para recuperar y reconstruir el legado de su persona como militante y dirigente político.

