En los barrios populares, la deuda empieza a ocupar un lugar cada vez más importante dentro del presupuesto familiar: el 61,8% de las personas relevadas por el Instituto Periferias aseguró tener algún tipo de endeudamiento y, entre quienes recurrieron al crédito, el 59,8% lo hizo para poder comprar alimentos. El dato se combina con otro indicador central del relevamiento: el 74,4% de los hogares afirmó que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos mínimos del mes.
El informe fue elaborado durante agosto por el Instituto Periferias, dirigido por el sociólogo Daniel Menéndez, junto con organizaciones sociales, profesionales e investigadores. El relevamiento alcanzó a 5.000 familias de barrios populares de 15 provincias y buscó relevar las condiciones económicas y sociales que atraviesan esos hogares.
Los resultados muestran que el endeudamiento dejó de estar asociado exclusivamente a gastos excepcionales y comenzó a funcionar, en muchos casos, como una forma de completar los ingresos que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. La alimentación aparece como uno de los principales destinos de ese dinero.
La situación había sido advertida por el propio instituto en un informe preliminar difundido a fines de agosto. En aquella primera medición, el 59,8% de las personas consultadas tenía deudas y el 42,3% de quienes estaban endeudados había recurrido al crédito para comprar comida. La actualización elevó el nivel de endeudamiento al 61,8% y ubicó en 59,8% la proporción de personas endeudadas que utilizaron ese recurso para acceder a alimentos.
El relevamiento también identificó las principales vías utilizadas para conseguir financiamiento. El 37,8% mencionó las tarjetas de crédito; el 28,7%, dinero prestado por familiares o conocidos; el 23,6%, préstamos de particulares; y el 23,3%, aplicaciones o billeteras virtuales. Las categorías no son excluyentes, por lo que una misma persona puede haber recurrido a más de una alternativa.
Cuando la deuda reemplaza al ingreso
Para Menéndez, los números reflejan un cambio en la función que cumple el endeudamiento dentro de las familias. Según explicó, antes era más habitual recurrir al crédito frente a una emergencia o un gasto extraordinario, mientras que ahora comenzó a utilizarse de manera recurrente para sostener consumos básicos.
“El patrón de endeudamiento en las familias cambió a partir de la crisis social. Pasaron de endeudarse por una eventualidad extraordinaria como el cumple de 15, o una emergencia familiar, a hacerlo de manera crónica para sostener la compra de comida”, sostuvo el director del Instituto Periferias.
La diferencia es significativa: cuando una familia se endeuda para afrontar una reparación, adquirir un electrodoméstico o resolver un gasto excepcional, incorpora una obligación puntual. Pero cuando utiliza una tarjeta, un préstamo o dinero prestado para comprar alimentos, el mismo problema puede reaparecer al mes siguiente, obligándola a recurrir nuevamente al crédito.
En ese sentido, el 74,4% de hogares que declara no poder cubrir sus gastos mínimos con sus ingresos funciona como el otro lado del problema. La deuda aparece como una respuesta frente a una insuficiencia previa: el dinero que falta para llegar a fin de mes se obtiene de una fuente que, a su vez, deberá ser devuelta con ingresos futuros.
El propio informe señala que apenas el 11,1% de los hogares relevados logra afrontar sus obligaciones básicas con los ingresos disponibles. De esta manera, el endeudamiento puede convertirse en un mecanismo permanente para cubrir la diferencia entre lo que entra al hogar y lo que necesita gastar.
“La crisis de endeudamiento que estamos observando es, antes que nada, una crisis de ingresos. Cuando el salario, las changas, o la jubilación misma dejan de alcanzar para llegar a fin de mes, la deuda empieza a ocupar el lugar que antes ocupaban los ingresos. El crédito deja de ser una herramienta y pasa a convertirse en una forma de supervivencia”, resumió Menéndez.
El avance de los préstamos informales
Otro de los puntos que encendió una alerta en el estudio es la utilización de prestamistas particulares. El 23,6% de las personas endeudadas señaló haber recurrido a particulares para conseguir dinero, una modalidad que el Instituto Periferias vincula con el crecimiento de mecanismos informales de financiamiento en los barrios populares.
El organismo advirtió que este fenómeno puede abrir espacio a situaciones de usura y a redes vinculadas con actividades delictivas, especialmente en contextos donde las familias tienen cada vez menos alternativas para conseguir dinero y el Estado pierde presencia en el acompañamiento de esas comunidades.
Menéndez responsabilizó directamente al Gobierno nacional por el deterioro de los ingresos y cuestionó las políticas económicas implementadas durante la gestión de Javier Milei. “La culpa de este endeudamiento es del gobierno nacional que empujó a la gente que no puede llegar a fin de mes, ante la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios frente a la inflación, a endeudarse para sobrevivir”, afirmó.
El sociólogo agregó que, en ese contexto, muchas personas terminan recurriendo a usureros y sostuvo que se trata de un problema que excede las decisiones individuales de cada familia.
Los números del relevamiento plantean así una secuencia difícil de revertir: cuando los ingresos no alcanzan, los hogares reducen gastos, postergan consumos y, cuando esas alternativas se agotan, recurren al crédito para sostener necesidades básicas. Si la insuficiencia de ingresos persiste, la deuda pasa de ser una solución transitoria a convertirse en parte estable de la economía doméstica.
En los barrios populares, por lo tanto, el problema no se limita a cuánto deben las familias, sino también a para qué necesitan endeudarse. Que casi seis de cada diez personas con deudas hayan utilizado ese dinero para comprar comida muestra hasta qué punto el crédito comenzó a funcionar como un complemento de ingresos que ya no alcanza para cubrir las necesidades esenciales.

