En el edificio de la Presidencia de la Universidad Nacional de La Plata, se reunieron las autoridades, docentes, nodocentes y estudiantes para conmemorar los 121 años de historia de una casa de altos estudios que es más que una institución educativa, es una verdadera maquinaria de transformación que late en el corazón de la capital bonaerense. El izamiento de la bandera Argentina le dió el marco para renovar el compromiso con la educación pública, la gratuidad y la democratización del conocimiento.
El legado de la nacionalización: “Igualar oportunidades”
El acto fue encabezado por el Dr. Arq. Fernando Tauber, quien destacó la importancia histórica de la nacionalización impulsada por Joaquín V. González el 12 de agosto de 1905, sellada mediante el convenio firmado entre el pensador riojano y el entonces gobernador bonaerense Marcelino Ugarte. Durante su discurso, Tauber trajo al presente aquella visión fundacional que permitió integrar la universidad al sistema nacional, recordando que González promovía una concepción de la educación superior ligada a la construcción de ciudadanía, él entendía a la universidad como patria para el pueblo y como una herramienta fundamental para igualar oportunidades. A más de un siglo de aquel hito, Tauber reafirmó que, tras un largo trecho de funcionamiento como Universidad Nacional, la institución debe seguir fortaleciendo un modelo público que produzca conocimiento científico y tecnológico y que, al mismo tiempo, sea capaz de ponerlo directamente al servicio de las necesidades concretas de la sociedad.
Esa vocación transformadora se traduce hoy en una escala monumental que desafía los límites y posiciona a la UNLP como el tercer gigante del sistema universitario argentino en cantidad de estudiantes y graduados. La magnitud de la llamada «contraprestación platense» se mide en una masividad que no deja de expandirse, actualmente, 123.134 alumnos recorren sus aulas, pasillos y laboratorios en sus 17 unidades académicas, lo que representa un crecimiento del 37 por ciento respecto de la población estudiantil de 2008. Su propuesta educativa, que comprende 165 titulaciones, volvió a batir marcas en el último ciclo lectivo al recibir a 33.079 nuevos ingresantes que eligieron sus facultades para iniciar un proyecto de vida, marcando un aumento histórico del 86 por ciento en comparación con los ingresos de hace quince años.
Pero el valor de este proyecto universitario reside también en la diversidad de su procedencia. La UNLP se ha consolidado como un refugio federal e internacional de puertas abiertas, cuenta con 15.851 estudiantes extranjeros —un 13 por ciento de la matrícula total— provenientes en su mayoría de países como Ecuador, Brasil, Perú y Colombia, al tiempo que recibe año a año a jóvenes de todas las provincias argentinas, con contingentes especialmente nutridos llegados desde la Patagonia, como Chubut y Río Negro. Esta apertura responde a un principio rector que la institución defiende con firmeza, el egreso universitario posee un valor social y cultural que trasciende ampliamente la frialdad de las estadísticas.
La transformación social: El orgullo de la primera generación
El impacto más profundo y conmovedor de la universidad pública se palpa en la movilidad social de las familias que acompañan a sus nuevos profesionales. De acuerdo con los datos oficiales del ciclo 2025, la UNLP prevé alcanzar los 7.228 egresados, sosteniendo una tendencia ascendente que suma más de 700 graduados anuales respecto de 2023. Lo más significativo de este logro es que el 41 por ciento de estos graduados pertenece a la primera generación universitaria de sus hogares. Para estas comunidades, el diploma sintetiza el cumplimiento de una promesa sagrada. Tal como destacan los informes de gestión, el título no es solo un logro individual, sino que expresa una profunda transformación social, laboral y simbólica para todo el entorno familiar y comunitario. Este fenómeno de nivelación hacia arriba alcanza números de alto impacto en unidades académicas de marcada inserción territorial, como la Facultad de Trabajo Social, donde el porcentaje de graduados de primera generación escala al 57 por ciento, o la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, donde alcanza el 54 por ciento.
Lejos de entender la masividad como un obstáculo, la universidad sostiene una política activa de acompañamiento para garantizar la inclusión con exigencia. Desde la Secretaría de Asuntos Académicos señalan que la masividad va de la mano del concepto mismo de calidad. Al no estar sujeta a criterios de rentabilidad económica ni comercial, la UNLP se permite la responsabilidad ética de sostener carreras multitudinarias junto a otras de pequeña escala, entendiendo que es precisamente solo la universidad pública la que puede y debe generar opciones de egreso en todas las disciplinas. Para remediar la deserción y remover barreras pedagógicas o socioeconómicas sin bajar el nivel académico, la institución implementa estrategias transversales como el Programa +Egreso y el Programa de Rendimiento Académico y Egreso (PRAE).
En el cierre de los festejos en los jardines de la Presidencia, el consenso de las autoridades resonó con la fuerza de su historia centenaria, el desafío del presente es mejorar los niveles de graduación en el marco innegociable de la gratuidad y el ingreso irrestricto. A 121 años de su nacimiento, la Universidad Nacional de La Plata se reafirma por la distancia humana y profesional que les permite recorrer a todos aquellos que transitan por sus aulas.

