Consentimiento informado, es la base indispensable; todas las actividades se negocian, aceptan y pueden detenerse en cualquier momento. Se establecen códigos claros o señales de parada (safewords) para garantizar la seguridad física y emocional de los participantes. Siempre dentro de la confianza y el cuidado mutuo, lejos de la agresión patológica, estas prácticas requieren de un alto nivel de compenetración y responsabilidad afectiva entre quienes participan. Ese el sólo el comienzo
Lo que antes se ocultaba entre cuatro paredes, no se hablaba y no se compartía la experiencia, hoy se promociona en redes sociales como algo natural. Me hace acordar un poco a los años ochenta, lo que se llamó popularmente “El destape”, una avalancha de imágenes y narrativas sexuales explícitas que la dictadura militar había censurado y prohibido por considerarlas vulgares, inmorales y peligrosas se multiplicaron en los medios, la cultura y las conversaciones cotidianas. El destape fue el fenómeno sociocultural más importante y explosivo en el regreso de la democracia en la Argentina. En este contexto, el destape no solo transformó percepciones públicas de la sexualidad femenina, sino que amplió el acceso de las mujeres a la información sexual, impulsando un verdadero destape de las mujeres para las mujeres. La revista Sex Humor satirizaba esta tendencia con Para Vos, una parodia de la revista Para Ti donde todas las notas, desde las recetas de cocina a la sección de mascotas y de belleza, eran sobre sexo.
El retorno democrático permitió un mayor acceso a la información y fue clave en la revitalización de las relaciones sexoafectivas. Los expertos en sexología, por medio de terapias, manuales y charlas, ocuparon un lugar preponderante como divulgadores, siendo una pieza central en la normalización del sexo. Hubo una ruptura con los paradigmas represivos previos, tanto de la dictadura, que entendía lo sexual como algo culposo y ligado exclusivamente a la reproducción, como de la izquierda revolucionaria, que lo percibía como inhibitorio para los fines políticos. A través de la consolidación de la sexología, el sujeto heterosexual, cuya finalidad era la búsqueda de placer, se transformó en el centro de atención.
Ha pasado mucho tiempo desde aquellas épocas. Las comunidades BDSM están generalmente abiertas a cualquier persona de disposición no normativa que se identifique con la comunidad, lo que puede incluir transformistas, entusiastas de las modificaciones corporales, aficionados al juego de roles de animales, aficionados al fetichismo de látex y otros.
Así es, como hoy, las redes están sexualizadas. Ya se ha normalizado que una vecina tuya (o vecino) tenga como primer ingreso OnlyFans o alguna red paga, que ofrece todo tipo de prácticas. Tanto se ha normalizado que un Sex Shop, antes oculto detrás de una cortina, tenga un local a la calle y que además organice un encuentro BDSM.
De las cortinas cerradas a un espacio lúdico y sensorial
Me recibe Mar Ortega dueña y socia junto a Vale en el local de EXTREME Espacio Erótico que tras revisar la lista de invitados me abrió las cortinas de lo que pensé sería algo turbio y a modo de investigación antropológica de una práctica sexual y sensual de unos pocos. Tras correrse la cortina el lugar estaba mas cercano a un bar o aun boliche que a “50 sombras de Grey”. Los participantes del eventos recorrían el lugar por grupos o parejas, los que se acercaban a la barra para pedir una copa de vino que incluía la entrada, o algo de su apetencia en ese instante. Algunos bailaban, otros hablaban y miraban al resto de los concurrentes como lo hacía yo. En pleno centro de La Plata, estaban pasando cosas que desafiaban la sociedad pacata de nuestra ciudad.
Mientras deambulaba por el local, convertido hoy en un lugar de encuentro, Marina me cuenta un poco de la historia de lo que empoezó como un simple sex shop ” Antes del local, los talleres y los eventos, hubo una escena que no terminaba de cerrar: alguien esperando en la vereda mientras otra persona recibía atención puertas adentro” Después de formarse en Educación Sexual Integral (ESI), la impulsora de Extreme empezó a preguntarse cómo podía ofrecer una experiencia distinta a la de los sex shops tradicionales. No era solo una cuestión de atención: quien esperaba afuera quedaba expuesto, en una situación vulnerable.
De esa incomodidad nació la idea de crear un sistema propio, más cuidado y atravesado por la educación. Con Vale, su esposa y socia, el proyecto fue tomando forma: primero llegó un showroom; después, un local abierto al público. Tras tres años en ese espacio, se instalaron en su dirección actual, en calle 10, entre 49 y 50. En el camino también abrieron una sucursal en Parque Avellaneda Shopping
“Extreme se piensa como algo más amplio que un local de venta. La propuesta combina atención personalizada, capacitación del equipo y asesoramiento especializado en sexualidad. En sus estantes conviven lencería, cosmética e indumentaria erótica con productos vinculados al fetiche, el BDSM y el tantra, además de opciones más tradicionales”
La experiencia también sale del local. Hay talleres educativos, con temáticas que cambian mes a mes, y eventos donde instructores presentan distintas prácticas ante un público que puede acercarse a conocerlas o participar. Música en vivo, DJ y barra de tragos completan la escena. La idea es que el espacio sea lúdico y sensorial, pero que el respeto y la seguridad estén siempre presentes: quienes asisten reciben pautas para participar. Detrás del crecimiento hay una sociedad que también es un vínculo personal. Valeria acompañó la idea desde el comienzo y, juntas, fueron ajustando la propuesta y la forma de comunicarla.
Terminé de escuchar las últimas palabras de Marina cuando el “espectáculo” estaba a punto de empezar, una ronda sin celulares prendidos empezó la performance. Una especie de clase abierta de BDSM con instrucciones, sugerencias y diferentes juguetes para la práctica.

Después de la performance en la planta baja, se habilitó el piso de arriba para que el público pudiera recorrerlo. Allí estaban los juguetes y los elementos vinculados al fetiche y al BDSM, además de un sillón tántrico pensado para explorar distintas posiciones. Era el sector más lúdico de la experiencia: los instructores acompañaban a quienes querían probar alguna práctica o interactuar con otras personas. Había propuestas como spankear, explorar la inmovilización y usar los sillones. Era una instancia más subida de tono, pero siempre en clave de juego.
“El camino hacia el placer está pavimentado por la curiosidad de probar lo desconocido y romper los límites de la imaginación.” dijo alguna vez el Marqués de Sade


