En un reportaje que desnudó las tensiones más profundas de la “grieta” puertas adentro, el hijo de Luis Majul lanzó declaraciones explosivas que dejan al descubierto la faceta más cuestionada del conductor de LN+.
Con la frialdad de quien analiza un objeto de estudio, Octavio Majul separó el afecto filial de la labor de su padre, a quien terminó definiendo más como un operador político que como un buscador de la verdad.
De la academia al barro
Octavio relató que, tras formarse en la academia científica donde se promueve el debate de ideas sin nombres en juego, intentó tener una “conversación real” con su progenitor, pero se chocó con una pared.
Según su testimonio, es imposible debatir con alguien que prioriza el impacto de sus palabras por sobre la realidad: “A mi viejo le importan los efectos políticos de lo que dice y no la verdad”.
Esta distinción, para el joven, entra dentro de la práctica profesional de su padre, porque es algo que “no tiene que defender” y que se sostiene por su éxito comercial, pero no por su rigor ético.
El hijo del conductor fue tajante al explicar por qué no mira los programas de su padre: “Me haría recontra mal”.
Vivir en una burbuja
El distanciamiento no es solo ideológico, sino también generacional y de valores. Octavio recordó haber visto a su padre hablar de una “grieta moral” y clasificar a la sociedad entre “buenos y malos”, una lógica que lo termina ubicando a él mismo del lado de los “malos” por sus convicciones políticas.
“Mi viejo no llega ni a darse cuenta de todo eso”, lamentó, atribuyendo esta falta de empatía a un “seteo” mental de los años 90 y principios de los 2000.
La entrevista también reveló anécdotas del pasado, como cuando a los 18 años Octavio debía interponerse físicamente en la calle para separar a manifestantes kirchneristas que insultaban a su padre, quien no dudaba en devolver las agresiones.
“A él le encanta pelear”, sentenció el joven, quien además confesó su propia militancia kirchnerista, marcando una distancia abismal con el discurso que su padre pregona cada noche frente a cámara.
Además de cuestionar su ética, el joven Majul analizó el éxito comercial del conductor con una pizca de ironía, destacando que su continuidad en el medio televisivo no tiene que ver con el rigor periodístico sino con sus habilidades para el marketing personal. “Se vende bien… eso es lo mejor que hace, y negociar“, soltó para definir la faceta empresarial del creador de “La Cornisa”.

